NIÑOS ENFERMOS

Los niños son personas.

La sabiduría habita en ellos también. Incluso a veces más que en el adulto porque está menos bloqueada.

El niño que está enfermo sabe lo que sucede, y a menudo lo oculta para proteger a su familia. Sin embargo para él es un alivio poder hablar de su situación y ver que “no se hunde su barco”.

Si puede externar sus sentimientos, también puede aceptar que los otros lo hagan, e incluso consolarlos. Así se da cuenta de que también en él hay poder. Que tiene mucho que dar.

Como familiar de la persona enferma, también quiere saber la verdad. Hablarle con la verdad le manda el mensaje de: eres fuerte, confiable, contamos contigo. Lo contrario consiente es muy agresivo.

El niño también ha de tomar las riendas de su enfermedad y de su vida, y los papás y médico y enfermeras harán bien en permitírselo y propiciarlo.

Se puede aprovechar enormemente su riqueza imaginativa para enfocarla a su proceso curativo sin ponerle límites.

También permitirle y animarlo a ayudar a alguien más es un gran regalo para él.

Si es hermano del enfermo conviene darle espacio para desahogarse, quejarse, enojarse, sin que se le juzgue y critique. Para él es más dolorosa la situación de lo que los adultos creen.

Y es facilísimo además que caigan en la culpa, por lo que si la expresa, hay que validarle el sentimiento en vez de convencerlo de que no es culpable. Ya después es útil hacer la diferencia: se vale sentirse culpable y sin embargo confío en que tú descubrirás que no eres, que nadie lo es.

Con los niños es particularmente útil el dibujo, collage, diálogo con muñecos o títeres, teatro… Formas indirectas que le permitan expresarse, sobretodo si es muy pequeño.