ACTITUDES QUE CURAN

Psicóloga Amparo pastor.

Nuestro modo de ver la vida, nuestras creencias y nuestros sentimientos influyen en nuestra salud. Es esencial cultivar actitudes saludables para sanar nuestro cuerpo y nuestras emociones.

“He aprendido a quererme más y a castigarme menos. Acepto mejor mi situación y no me rebelo tanto contra mi destino… Cada día intento disfrutar todo lo que puedo de mis hijas. Además mis últimos análisis han sido algo mejores… No sé qué pasará, pero me siento mucho más en paz ahora”.

Escuchar años atrás estas palabras a una mujer con leucemia en el Center for Attitudinal Healing (Centro de Curación de Actitudes para Sanar las Actitudes) de Sausalito, California (EEUU), y contemplar la serenidad de su mirada fue algo que no voy a olvidar nunca.

El doctor Gerald G. Jampolsky, psiquiatra americano, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de California y autor del libro básico de la curación de actitudes El Poder Curativo del Amor (Ed. Alamah AUTOAYUDA), comprobó trabajando en el área de oncología de un hospital infantil cómo las actitudes –los pensamientos y sentimientos que albergamos en nuestra mente- desempeñan un papel importante en nuestra capacidad de recobramos de la enfermedad y de mantenernos sanos. A partir de esta experiencia, el doctor Jampolsky fundó en 1975 el primer Centro de Curación de Actitudes (Center for Attitudinal Healing) en Estados Unidos. Hoy existen más de cien centros de este tipo en todo el mundo. En México existe CECURA desde hace 18 años.

La curación por la actitud o curación de actitudes es un sistema de desarrollo personal útil para prevenir la enfermedad, para apoyar el propio proceso de curación y para transformar nuestra manera de relacionarnos, preparándonos también para apoyar a otros en esa misma dirección.

Se trata de un proceso encaminado a sanar la mente que repercute favorablemente sobre el cuerpo, modificando la percepción acerca de los acontecimientos, las personas y nosotros mismos para poder experimentar bienestar y paz interior. En definitiva, la sanación de actitudes constituye un modo de vida aplicable en cualquier contexto y momento, en la salud y en la enfermedad.

Cambiar nuestra actitud ante la vida previene enfermedades y transforma nuestras relaciones.

Al incorporar a nuestras vidas a la curación de actitudes, también contribuiremos al desarrollo de nuestra inteligencia emocional. Ésta es fundamental para regular nuestras relaciones tanto con nosotros mismos como con los demás.

La inteligencia emocional nos permite:

bulletReconocer nuestros sentimientos.
bulletTomar las riendas de nuestros impulsos emocionales.
bulletNo buscar recompensas inmediatas.
bulletRegular nuestros estados de ánimo.
bulletEvitar que la angustia interfiera en nuestras facultades racionales y,
bulletMotivarnos y perseverar a pesar de las posibles frustraciones de la vida.

 

Desarrollar actitudes saludables implica mejorar nuestro grado de inteligencia emocional.

 

ACTITUDES SALUDABLES:

Practica la autoobservación.

Darte cuenta a tiempo de cuándo vas a adoptar actitudes insanas y aprovechar para practicar las que son saludables sólo es posible si la mente está serena. Dedica unos minutos varias veces a lo largo del día a parar interiormente para autoobservarte. Al menos una vez cada hora, céntrate en lo que sientes tanto física como emocionalmente y reposa ahí unos segundos. Después continúa con lo que hacías. Esta práctica es la más importante y la que facilita todas las demás.

Vive el presente.

El presente es el único tiempo que existe, puesto que el pasado ya pasó y el futuro está por venir. Cuando le das muchas vueltas a una misma película sobre tu pasado que te genera conflictos y miedo, o deseas cambiar lo que pasó, cultivas actitudes no saludables. Es mejor para tu salud física, mental, emocional que aceptes tu historia tal como es y te centres en vivir el momento presente.

Exprésate positivamente.

Para no acumular resentimiento y moderar la ira y la culpa, es bueno usar el lenguaje positivo como herramienta de comunicación. No se trata de que digas que está bien lo que crees que está mal o te disgusta, ni que minimices lo que para ti es importante. Consiste en expresar claramente tus necesidades con un lenguaje objetivo. Cuando tengas que expresar algo negativo, deja claro que lo que disgusta es una conducta o una actitud y no la persona a la que te diriges. Así, decir “me molesta que no quieras venir conmigo” es mejor que “sólo piensas en ti”.

Ama más y teme menos.

Contempla el mundo como un lugar de aprendizaje y proponte a diario pensar en ti y en los demás como personas que viven ya sea brindando amor en sus múltiples facetas o pidiendo ayuda a los demás de maneras diferentes. Cada día predisponte conscientemente a encontrar algo positivo en ti mismo, en los demás y en lo que suceda y exprésalo. Practica el reconocimiento y el elogio.

Abandona el rol de víctima.

Deja de sentirte una víctima del mundo y renuncia a los pensamientos negativos. Si bien es cierto que lo que sucederá no depende sólo de ti, también es cierto que tú contribuyes a ello. ¿Cómo? Cambiando tus pensamientos, renunciando a los que te causan dolor y cultivando los que te generan paz interior y te predisponen hacia el perdón, la reconciliación y la unión; tomando la decisión de ver las cosas de otra manera. Piensa y actúa en positivo para sentirte mejor.

Comparte tus emociones.

Reúnete con personas que experimentan situaciones similares a la tuya. Con ellas te sentirás escuchado y aceptado sin tener que dar una “imagen adecuada” a las necesidades o demandas de tu entorno. Los grupos de curación de actitudes son ideales para hacerlo.

Ábrete al cambio.

Nuestras actitudes, nuestros patrones habituales de respuesta y nuestra posición general frente a la vida, en gran medida se determinan por nuestra personalidad y nuestras experiencias. Pero esto no significa que no podamos hacer nada para cambiarlas. Tú puedes decidir qué aspectos quieres transformar.

Busca la paz interior.

Eres responsable de tu felicidad en la medida en que siempre puedes optar por la paz en vez de por el conflicto. Cuando dudes sobre qué hacer o qué decir, pregúntate si con ello contribuyes a la paz o al conflicto, a la reconciliación o a la separación. Cuanto más lo practiques, más optarás de una manera natural por lo saludable.

Aprende a perdonar.

Todos los días, antes de irte a dormir, retírate un rato en silencio y soledad, rebobina tu jornada y practica el perdón a ti mismo y a los demás aceptando la realidad tal y como fue. Acepta a los demás y a ti mismo, con sus virtudes y defectos, con sus fortalezas y debilidades, y concéntrate en las experiencias felices de la jornada. Descubrirás que ésta es la mejor medicina para el insomnio y para liberarte del sufrimiento.

 

Amparo Pastor.