Psicóloga
Amparo pastor.
Nuestro modo de ver la vida, nuestras creencias y nuestros sentimientos influyen en nuestra salud. Es esencial cultivar actitudes saludables para sanar nuestro cuerpo y nuestras emociones.
He
aprendido a quererme más y a castigarme menos. Acepto mejor mi situación y no me rebelo
tanto contra mi destino
Cada día intento disfrutar todo lo que puedo de mis hijas.
Además mis últimos análisis han sido algo mejores
No sé qué pasará, pero me
siento mucho más en paz ahora.
Escuchar
años atrás estas palabras a una mujer con leucemia en el Center for Attitudinal Healing
(Centro de Curación de Actitudes para Sanar las Actitudes) de Sausalito, California
(EEUU), y contemplar la serenidad de su mirada fue algo que no voy a olvidar nunca.
El
doctor Gerald G. Jampolsky, psiquiatra americano, profesor de
La
curación por la actitud o curación de actitudes es un sistema de desarrollo personal
útil para prevenir la enfermedad, para apoyar el propio proceso de curación y para
transformar nuestra manera de relacionarnos, preparándonos también para apoyar a otros
en esa misma dirección.
Se
trata de un proceso encaminado a sanar la mente que repercute favorablemente sobre el
cuerpo, modificando la percepción acerca de los acontecimientos, las personas y nosotros
mismos para poder experimentar bienestar y paz interior. En definitiva, la sanación de
actitudes constituye un modo de vida aplicable en cualquier contexto y momento, en la
salud y en la enfermedad.
Cambiar
nuestra actitud ante la vida previene enfermedades y transforma nuestras relaciones.
Al
incorporar a nuestras vidas a la curación de actitudes, también contribuiremos al
desarrollo de nuestra inteligencia emocional. Ésta es fundamental para regular nuestras
relaciones tanto con nosotros mismos como con los demás.
La inteligencia emocional nos permite:
| Reconocer nuestros sentimientos. |
| Tomar las riendas de nuestros impulsos emocionales. |
| No buscar recompensas inmediatas. |
| Regular nuestros estados de ánimo. |
| Evitar que la angustia interfiera en nuestras
facultades racionales y, |
| Motivarnos y perseverar a pesar de las posibles
frustraciones de la vida. |
Desarrollar
actitudes saludables implica mejorar nuestro grado de inteligencia emocional.
ACTITUDES SALUDABLES:
Practica
la autoobservación.
Darte
cuenta a tiempo de cuándo vas a adoptar actitudes insanas y aprovechar para practicar las
que son saludables sólo es posible si la mente está serena. Dedica unos minutos varias
veces a lo largo del día a parar interiormente para autoobservarte. Al menos una vez cada
hora, céntrate en lo que sientes tanto física como emocionalmente y reposa ahí unos
segundos. Después continúa con lo que hacías. Esta práctica es la más importante y la
que facilita todas las demás.
Vive el presente.
El presente es el único tiempo que existe, puesto que el pasado ya pasó y el futuro está por venir. Cuando le das muchas vueltas a una misma película sobre tu pasado que te genera conflictos y miedo, o deseas cambiar lo que pasó, cultivas actitudes no saludables. Es mejor para tu salud física, mental, emocional que aceptes tu historia tal como es y te centres en vivir el momento presente.
Exprésate
positivamente.
Para
no acumular resentimiento y moderar la ira y la culpa, es bueno usar el lenguaje positivo
como herramienta de comunicación. No se trata de que digas que está bien lo que crees
que está mal o te disgusta, ni que minimices lo que para ti es importante. Consiste en
expresar claramente tus necesidades con un lenguaje objetivo. Cuando tengas que expresar
algo negativo, deja claro que lo que disgusta es una conducta o una actitud y no la
persona a la que te diriges. Así, decir me molesta que no quieras venir conmigo
es mejor que sólo piensas en ti.
Ama
más y teme menos.
Contempla
el mundo como un lugar de aprendizaje y proponte a diario pensar en ti y en los demás
como personas que viven ya sea brindando amor en sus múltiples facetas o pidiendo ayuda a
los demás de maneras diferentes. Cada día predisponte conscientemente a encontrar algo
positivo en ti mismo, en los demás y en lo que suceda y exprésalo. Practica el
reconocimiento y el elogio.
Abandona
el rol de víctima.
Deja
de sentirte una víctima del mundo y renuncia a los pensamientos negativos. Si bien es
cierto que lo que sucederá no depende sólo de ti, también es cierto que tú contribuyes
a ello. ¿Cómo? Cambiando tus pensamientos, renunciando a los que te causan dolor y
cultivando los que te generan paz interior y te predisponen hacia el perdón, la
reconciliación y la unión; tomando la decisión de ver las cosas de otra manera. Piensa
y actúa en positivo para sentirte mejor.
Comparte
tus emociones.
Reúnete
con personas que experimentan situaciones similares a la tuya. Con ellas te sentirás
escuchado y aceptado sin tener que dar una imagen adecuada a las necesidades o
demandas de tu entorno. Los grupos de curación de actitudes son ideales para hacerlo.
Ábrete
al cambio.
Nuestras
actitudes, nuestros patrones habituales de respuesta y nuestra posición general frente a
la vida, en gran medida se determinan por nuestra personalidad y nuestras experiencias.
Pero esto no significa que no podamos hacer nada para cambiarlas. Tú puedes decidir qué
aspectos quieres transformar.
Busca
la paz interior.
Eres
responsable de tu felicidad en la medida en que siempre puedes optar por la paz en vez de
por el conflicto. Cuando dudes sobre qué hacer o qué decir, pregúntate si con ello
contribuyes a la paz o al conflicto, a la reconciliación o a la separación. Cuanto más
lo practiques, más optarás de una manera natural por lo saludable.
Aprende
a perdonar.
Todos
los días, antes de irte a dormir, retírate un rato en silencio y soledad, rebobina tu
jornada y practica el perdón a ti mismo y a los demás aceptando la realidad tal y como
fue. Acepta a los demás y a ti mismo, con sus virtudes y defectos, con sus fortalezas y
debilidades, y concéntrate en las experiencias felices de la jornada. Descubrirás que
ésta es la mejor medicina para el insomnio y para liberarte del sufrimiento.
Amparo Pastor.