La Aceptación es Mágica.

 

Steven Levine, un maestro de meditación escribe: “Si estás tratando de ser alguien haciendo algo, controlando el flujo, entonces cuando eso que viene es incontrolable, tu resistencia se vuelve mayor y tu sufrimiento más intenso. Cuando dejas ir el control, verás que… “la aceptación es mágica”.

 

De hecho, descubrimos que “la aceptación es mágica” rindiéndonos al flujo de la vida, al plan divino. entonces finalmente encontramos una nueva sensación de poder. Experimentamos la danza de la vida revelándose, con menos apego avaro… y menos sufrimiento. Gradualmente, empezamos a ver que no estamos viviendo nuestra vida, sino que la vida esta siendo vivida a través de nosotros. Entonces, la vida toma un flujo, un ritmo, una sincronización. Con poco esfuerzo, mucho se logra. Algunos lo describirían como “viviendo en el Tao”; porque en el Tao Te Ching está escrito:

 

El Tao del cielo no lucha, y sin embargo prevalece.

Este no habla, y sin embargo es respondido.

No pide, y sin embargo abastece todas sus necesidades.

Está en tranquilidad, y sin embargo sigue un plan.

 

En India, una vez vivió un hombre que encarnó la esencia de este principio: su nombre fue Mahatma Gandhi. El liberó a su pueblo de dos siglos de reglamentación extranjera sin disparar un solo tiro. Tal vez aún más grande que su logro político, fue el legado espiritual a toda la especie humana. El demostró el increíble poder que trabaja a través de uno que ha rendido su vida al plan divino.

 

Al principio que empleó, le dio el término de “satyagraha”. Se deriva de las palabras Sánscritas “Satya”” que significa “verdad”. (literalmente: “Eso que es”) y “Graha”, que significa “sosteniendo firmemente”. Ghandhi lo llamó “fuerza del alma”. La verdad en si misma, es una fuerza real y muy poderosa cuando uno se acoge a ella sin transigir. Sin embargo, este acogimiento no debe ser una actividad del ser personal. El deseo del ego bloquea la liberación de la fuerza del alma: quitar el deseo del ego, la libera. Uno debe rendirse completamente al poder de la verdad.

 

Gandhi habla: “Hay un tiempo en que el individuo se vuelve irresistible y su acción impregna todos sus efectos. Esto viene cuando él se reduce a sí mismo a Cero”.

 

Inherente a este proceso de aceptación siempre profundizante, hay una verdad profunda en la sabiduría y bondad innata del proceso natural de la evolución, el plan divino, el Tao. La amplitud y la profundidad de esta sabiduría y bondad natural no puede ser comprendida por la mente humana; sólo puede ser entendida a través de la experiencia. Steven Levine, al hacer eco de las ideas de Gandhi, dice: “Cuando dejas ir el control del Universo, cuando dejas ir todo, sólo la verdad queda”.

 

Lecciones de Danza en la Danza Cósmica.

 

Y así, nosotros encontramos que la verdadera fuerza que sacudió nuestro mundo y causó que se colapsara alrededor de nosotros, -la fuerza que al principio resistimos, y después gradualmente aceptamos, y que ahora nos alineamos con ella; es la verdadera fuerza que nos trae a casa, a nuestro verdadero ser. Se nos recuerda del hombre que dijo, “Yo rogué a Dios cuando los cimientos de mi vida habían sido sacudidos… sólo para encontrar que era Dios, Quien los estaba sacudiendo”.

 

Así es que empezamos con las “sacudidas”, y ya no resistimos más la fuerza que desmorona la estructura de nuestra vida. Lo que una vez llamamos tragedia, ahora lo vemos como una oportunidad para mayor libertad, sabiduría, y poder, no para tenerle miedo, sino para darle la bienvenida.

 

Empezamos a ver todo en nuestra vida y en el Universo como parte de una gran danza cósmica: la danza de la Vida evolucionando, revelándose, expresándose a Si Misma a través de nosotros y alrededor de nosotros. Gradualmente, nuestra percepción cambia. Lo que una vez parecía ser real y sólido, ya no parece ser de ese modo. Tiempo y espacio se vuelven elásticos. El mundo de la forma se vuelve transparente... Un místico hindú nos diría que hemos conocido a Shiva, el danzante cósmico, el Díos de la creación y destrucción, que mantiene, a través de su danza, el ritmo infinito del Universo. Como T. S. Eliot lo puso en su poema “Cuatro Cuartetos”:

 

En el punto quieto del mundo rotante. Ni carne, ni

desencarnado.

Ni desde, ni hacia. En el punto quieto, ahí la

danza está,

Pero ni detención, ni movimiento. Y no se le llama

fijación,

Donde el pasado y el futuro se encuentran.

Ni movimiento desde, ni hacia

Ni ascender, ni descender.

Excepto por el punto, el punto quieto,

No habría danza, y la danza solamente está.

 

Y en la danza está el punto quieto: “donde el pasado y el futuro se encuentran”. En el punto quieto, la eternidad existe en cada momento que pasa; el infinito existe en cada átomo que danza; el no-cambio existe en el corazón del cambio mismo. “Excepto por el punto, el punto quieto, no habría ninguna danza, y la danza solamente está”.

 

Nosotros somos ambos, el danzante y la danza, el buscador y el buscado, el conocedor y el conocido. Lo que hemos estado buscando, es eso que está mirando. Hemos venido a casa de nuestro ser.

 

Pero este no es el final… esto es solamente el comienzo –porque la danza continúa.

 

Robert Brumet es un ministro de Unity y un instructor en estudios Religiosos en la Escuela de Unity. Antes de sus enseñanzas en la escuela, estuvo al servicio de los centros de Unity en Indiana y Kansas. También conduce seminarios y retiros en Centros de toda Norteamérica. Tiene grados de Licenciatura y Maestría de la Universidad de Toledo U. S. A.