El amor significa dar y es constructivo, el odio lleva a la destrucción.
Reflexiones de Anwar El-Sadat
El triunfo del amor.
El amor triunfa al final. Porque de hecho yo no puedo lograr odiar a nadie, ya que por naturaleza me inclino a amar. Esto llegó a ser muy claro para mí a través del sufrimiento y el dolor cuando estuve en la celda 54. El sufrimiento cristaliza la fuerza intrínseca de un alma; porque es a través del sufrimiento como un hombre de amor propio puede valerse por sí mismo y penetrar en su propia hondura. Fue a través del sufrimiento como descubrí que por naturaleza yo me inclinaba a hacer el bien y que el amor es la motivación real detrás de mis actos. Sin amor realmente yo no podría trabajar en lo absoluto. El amor me da fe, absoluta confianza en mí mismo y en todo lo que me rodea. Mi amor por el universo se deriva de mi amor a Dios. Como el creador es mi amigo, me sería imposible temer a los hombres… El es quien controla su vida y el universo entero.
La mayoría de la gente se fascina por el éxito exterior, su posición social, prosperidad financiera, poder, o en una palabra su imagen a los ojos de los demás. Si, por alguna razón, su imagen externa se tambalea, ellos inevitablemente también y muchos aún se derrumban. Les falta fortaleza porque ni son sinceros consigo mismos ni honrados con los demás. Para ellos el fin siempre justifica los medios. Sin embargo, yo fui enseñado a creer que como yo me veía a mí mismo era más importante que como los demás me vieran.
El éxito aparente alienta a un hombre de sí mismo. La auto-alienación, otro nombre para la ignorancia de sí mismo, es lo peor que le puede ocurrir a un hombre, en tanto que lo conduce a perder la luz interior e inevitablemente a la pérdida de su visión también. La inhabilidad de una persona para ver adelante en su camino lo hace un prisionero dentro de sí mismo; lo aísla de todo lo que está fuera de la estrecha entidad de su “yo” y por lo tanto anula su pertenencia a la humanidad.
Ante los demás: comunión.
Para preservar su entidad como un ser humano, el hombre debe mantener una comunión consciente con todo lo que existe. Sin esta comunión se quedará sin nada más que un efímero éxito (o fracaso). Se reducirá a ser un esclavo del tiempo y del espacio, y su ser se convierte en algo simplemente irreal.
Es sólo a través de tal comunión, que un hombre puede existir realmente. Su conciencia puede entonces extenderse para comprender al universo entero, su entidad individual puede fusionarse con las de otros (amándolos o sufriendo con ellos) y, en una palabra, deja de existir en su capacidad individual.
El poder que deshumaniza.
Si todos los valores humanos fuesen relativos, todas las leyes –ya sean basadas en religiones reveladas o diseñadas por el hombre- no tendrían sentido. Si en una comunidad dada la soberanía de cada individuo como ser humano cesa de ser un valor absoluto; y si, en lugar de ello, tomamos “el poder” como el único valor significativo, entonces todos los valores humanos e ideales elevados se perderán sin esperanza alguna. Dañar la soberanía del individuo es sustituir una comunidad inspirada por el amor, la benevolencia y la belleza, por otra basada sólo en el poder.
La mayoría de la gente vive hoy en comunidades basadas en el poder, y el mundo ha perdido los altos ideales que el hombre ha establecido a través de los siglos. Yo creo que la humanidad no tiene salida de su actual predicamento a menos de que restaure esos ideales y los reivindique en todos los aspectos de la vida. Este es el por qué yo incansablemente recomiendo la adopción de los valores de la aldea egipcia. En verdad, a menudo tiendo a enfatizar demasiado la importancia de esto, pero creo que es la única manera de remover las consecuencias de nuestra experiencia con una comunidad basada en el poder: una experiencia que casi destruyó totalmente nuestros ideales.
El señorío de las cosas.
Dentro de la Celda 54, según mis necesidades materiales decrecían, las ataduras que me habían unido al mundo material comenzaron a cortarse una tras otra. Mi alma, habiendo expulsado su peso mundano, quedó liberada y se remontó al espacio como un pájaro hacia las más lejanas regiones de la existencia, hacia el infinito. En tanto un hombre está esclavizado por las necesidades materiales –deseando ser o tener una cosa u otra-, nada pertenecerá nunca a él; él será quien pertenezca a las “cosas”. El esclavo de las cosas no existe como un ser humano. Sólo cuando ha cesado de necesitar cosas, puede un hombre ser dueño verdaderamente de sí mismo y existir realmente.
El valor del sufrimiento.
Uno de los factores más importantes que me facilitaron el acceso a ese nuevo mundo en el que disfruté de una paz de la mente perfecta fue el sufrimiento. Un gran sufrimiento construye al ser humano y lo pone al alcance del conocimiento de sí mismo. Y un gran sufrimiento realmente procede de ideales humanos elevados.
El poder del amor.
El amor me ayudó a conocerme a mí mismo. Cuando mi entidad individual se fundió en la entidad más vasta de toda la existencia, mi punto de partida llegó a ser amor al hogar (Egipto), amor a todos los seres, amor a Dios. Y así he procedido a partir del amor en el cumplimiento de mi deber, ya fuese durante mis últimos meses en prisión, inmediatamente después de que fui puesto en libertad, como miembro del Consejo del Comando Revolucionario, o ahora que soy Presidente de Egipto.
Esto es por lo que soy ahora un incansable abogado del amor. El amor es una salvaguardia humana contra todas las trampas sociales. Quienquiera que viva el amor debe tener una fecundidad espiritual. Amar significa dar, y dar significa construir, mientras que odiar es destruir. El odio que prevaleció en Egipto por 18 años antes de que yo asumiera la presidencia fue una fuerza destructiva, que arrasó todo, y todavía estamos sufriendo sus consecuencias.