Cuando tu
vida ha sido buena, pero se encuentra interfiriendo en el camino de tu progreso, tienes
dentro de ti recursos poderosos para cambiar. ¿Los usarás?.
EXODO:
EL
VIAJE QUE TODOS HACEMOS.
Por Robert
Brumet.
Patrones
de Memoria Comunes a
Carl
Gustav Jung, un psicólogo suizo, propuso la existencia de una memoria colectiva
inconsciente en la psique humana. Así como los animales heredan el conocimiento
instintivo común a las especies, nosotros los humanos, de acuerdo con el Dr. Jung,
heredamos patrones de memoria que son conocidos como arquetipos.
Los
arquetipos pudieran ser pensados como órganos de la mente. Igual que cada
órgano en el cuerpo humano tiene una función específica que sirve al bienestar de todo
el cuerpo, así cada arquetipo en el inconsciente colectivo sirve para el bienestar de la
psique. Las memorias arquetípicas no son personales; no pertenecen al individuo, pero si
a la raza humana. A estas memorias se puede tener acceso solamente a través de sueños y
visiones y a través del estudio de mitos y escrituras antiguas.
Los
animales se guían por sus instintos para funcionar en varios ciclos de sus vidas. (ej.
prepararse para el invierno, reproducirse, aparearse, criar
). Como humanos
nosotros también tenemos un conocimiento interno que puede ser utilizado para mantenernos
a través de los ciclos de nuestras vidas. La gente de culturas antiguas hacía uso de
este conocimiento instintivamente a través de sus rituales, folklore y mitos. Nosotros
volvemos a despertar a este conocimiento perdido y a través de la oración y meditación
recobramos el acceso a esta sabiduría del alma.
El
Trayecto es tan Importante como el Destino.
La
historia bíblica del Éxodo yace dentro de la memoria colectiva de la cultura
Judeocristiana. Como tal, es más que un informe histórico de una cierta tribu de gente:
es una historia que todavía vive dentro de nosotros. Históricamente, es lo que le
sucedió a una tribu del pueblo hebreo que escapa de una vida de esclavitud en
De este
modo, nosotros descubrimos la primera lección de esta gran historia: el poder
transformador del proceso de transición yace, no en nuestra llegada a un cierto destino,
sino en nuestra experiencia del proceso en sí mismo. Una transición es un trayecto. En
nuestra cultura de alta tecnología todo instantáneo-, hemos olvidado el arte de
hacer el Trayecto. Nosotros viajamos mucho, pero raramente experimentamos el trayecto.
Cuando viajamos, nos reinstalamosmecánicamente de un lugar a otro. Nos subimos a
nuestro avión, tren o automóvil y buscamos estar cómodos y mantener nuestra mente
ocupada hasta que llegamos a nuestro destino. Cuando experimentamos el trayecto, el efecto
es, en sí mismo, tan importante como la llegada a nuestro destino. Somos transformados
por el trayecto en sí, de tal manera que llegamos diferentes de cuando partimos. Y así
es con el proceso de la transición.
Al
considerar la historia del Éxodo, estamos interesados, no tanto en su exactitud
histórica, sino en la enseñanza que tiene para nosotros. Interpretaremos el significado
histórico principalmente desde una perspectiva metafísica, escogiendo esos arquetipos
que son universales para el proceso de transición. Desde este punto de vista, vemos la
historia como una lección. Como un sueño, nos enseña a través de simbolismos. Vemos a
cada persona, lugar y cosa en esta historia como parte de nosotros mismos, como un
símbolo arquetípico dentro del inconsciente. De este modo, la historia nos revela su
sabiduría acerca de nosotros mismos.
La
historia empieza con los Israelitas viviendo como esclavos en
Al
saber Jacob que en Egipto había trigo, dijo a sus hijos
He oído que se vende trigo
en Egipto. Vayan allá y compren trigo, a fin de que no muramos (Génesis 42:1-2).
Sin el
conocimiento de Jacob, su hijo José estaba viviendo en Egipto y estaba a cargo de la
venta de grano: Y de todas partes llegaron a Egipto a comprar trigo a José, ya que
la escasez era universal: (Génesis, 41:57). /cuando los hermanos de José llegaron
a Egipto, ellos no lo reconocieron, pero finalmente José revelo su identidad a sus
hermanos y les hizo traer a su padre Jacob (también conocido por Israel) a
vivir a Egipto: Así Israel moró en
Inicialmente,
Egipto era un don del cielo, literalmente un salvavidas, Pero lo que nos puede
salvar en un punto en nuestra historia, puede aprisionarnos más tarde. Cuatrocientos
años después de que Jacob y su familia se estableciera en Egipto, las circunstancias
cambiaron significativamente: Un nuevo rey gobernó a Egipto, que no conocía a José, y
le dijo a su pueblo: Fíjense que los hijos de Israel forman un pueblo más numeroso
y fuerte que nosotros; por esto, tomemos precauciones contra él, para que no siga
multiplicándose, no vaya a suceder que si estalla la guerra, se una a nuestros enemigos
para luchar contra nosotros y así salir del país. Entonces les pusieron capataces
a los Israelitas, para afligirlos
Ellos hicieron a la gente de Israel servir con
rigor, e hicieron sus vidas amargas con servicio duro. (Éxodo, 1:8, 13-14).
Mucho de
nuestro viejo modo de vida, y de hecho, mucha de nuestra identidad en sí misma, fue
formada como una respuesta a algunas necesidades que una vez tuvimos. Como niños, nos
adaptamos a las necesidades y deseos de nuestra familia para poder satisfacer las nuestras
propias. Nos formamos creencias, actitudes y patrones de comportamiento que pueden
habernos servido bien en nuestra niñez. Sin embargo, treinta o cuarenta años más tarde,
estos mismos patrones pueden esclavizarnos y hacer nuestra vida amarga porque las
circunstancias de nuestra vida son totalmente diferentes. Los patrones de pensamiento,
sentimiento y comportamiento que una vez existieron para servirnos y protegernos, pueden
ahora esclavizarnos. La esclavitud de los Israelitas en Egipto es símbolo de esta
condición de volverse un prisionero del pasado.
Moisés
El líder.
La huída
fue iniciada y dirigida por un hombre llamado Moisés. (Más correctamente, podríamos
decir, que fue hecha por el Señor a través de Moisés). Así que, vamos a ver la
historia de la vida de este hombre.
Empezamos
con el Faraón, el rey de Egipto, a quien llegaron a temer los Israelitas. (Se
cree que fue Ramses II, quien reinó en el siglo XIII A. C.). Ramses II no solamente hizo
sus vidas amargas con trabajo duro sino que ordenó a las parteras de los
Hebreos, que dieran muerte a cualquier niño varón nacido de mujer Hebrea. Las parteras
se negaron secretamente a llevar a cabo esta orden, así es que el rey ordenó a toda su
gente: Echen al Nilo a todo niño nacido de los Hebreos, (Éxodo, 1:22).
Cuando
Moisés nació, su madre Hebrea lo mantuvo escondido por tres meses. Entonces lo puso en
un canasto de papiro, le tapó los agujeros con alquitrán y brea, metió en él al niño
y lo puso entre juncos a la orilla del río Nilo. La hija del Faraón bajó a bañarse en
el río, vio el canasto entre los juncos y envió a una criada a buscarlo. Después de
abrirlo, el bebé comenzó a llorar y la princesa se compadeció, dándose cuenta que era
uno de los niños de los Hebreos que su padre había ordenado a matar. La hermana de
Moisés que había estado cerca observando, se acercó a la princesa y ofreció encontrar
una nodriza Hebrea para criar al niño. Esto fue acordado, y ella corrió a llamar a la
madre de Moisés, que se convirtió en su nodriza. Cuando el creció, la hija del Faraón
lo adoptó y le dio el nombre de Moisés (Del verbo hebreo mashah, que significa sacado).
El
Arquetipo del Niño Divino.
El
nacimiento de Moisés sigue el tema del arquetipo del niño divino encontrado
en muchas historias. El modelo de esta historia en particular, fue la leyenda mucho más
antigua del gran rey de Mesopotamia Sargón de Akkad.
Metafísicamente,
el nacimiento del niño divino es el nacimiento de la expresión fresca, inocente y
creativa del ser real en cada uno de nosotros. Jane Singer describe cómo
siempre este niño trae la promesa de una nueva vida: El arquetipo del niño divino
tiende a aparecer antes de una transformación en la psique. Su aparición recuerda la
huella de eones en la historia del mundo que fue anunciada por la aparición de un infante
que derroca el viejo orden, y con pasión e inspiración, comienza una nueva era.
Esta nueva
vida, aunque potencialmente muy poderosa, es también muy frágil en sus comienzos. El
Faraón dentro de nosotros busca destruirlo, porque de hecho amenaza el viejo
orden de nuestra vida. Es necesario proteger cuidadosamente esta nueva vida,
escondiéndola de las fuerzas hostiles del viejo orden. Algunas veces el Faraón
aparece externamente en forma de amigos bien intencionados o miembros de nuestra familia
buscando que regresemos a nuestro viejo ser, porque el nuevo los amenaza y les
da miedo
Lo que
está Escondido Será Revelado.
Como
niño, Moisés creció en la corte real, pero permaneció consciente de su origen Hebreo.
Varios años después, ya como un hombre adulto, vio a un Egipcio azotando a un esclavo
Hebreo. Enfurecido por lo que vió, Moisés mató al Egipcio pensando que nadie podía
verlo, y enterró el cuerpo en la arena. Sin embargo, había sido visto y el acto fue
reportado al Faraón quien entonces buscó matarlo.
Moisés
huye al este, al desierto del Sinaí y se queda en
A Moisés
le dolían las condiciones que veía en Egipto y actuó según esos sentimientos por lo
que, una vez descubierto, fue forzado a abandonar Egipto. Nosotros también podemos tener
sentimientos apasionados acerca de algo y, por el miedo, tratamos de suprimirlos para
enterrarlos en la arena. Pero una ley primordial de conciencia es: lo que
está escondido, algún día será revelado. La negación de nuestros sentimientos
verdaderos puede parecer que funciona por un tiempo, pero llegará el día en que no se
puedan esconder más y deberán ser reconocidos ampliamente. Esto puede precipitar alguna
forma de transición, como lo hizo para Moisés.
Llamado a
una Nueva Identidad.
En el
desierto de Madián, Moisés se refiere a sí mismo como un extraño en una tierra
extraña Éxodo, 2:22 KJV) un sentimiento compartido por mucha gente en el
proceso de transición. Finalmente, el viene a trabajar para un hombre llamado Ragüel y
se casa con su hija Séfora. Un día, cuidando del rebaño de Ragüel, Moisés llegó al
Monte Horeb (Sinaí) y se acercó a examinar una visión extraña: un arbusto que ardía
sin ser consumido. La voz del Señor salió del arbusto, le ordenó quitarse los zapatos
porque estaba en terreno sagrado y le dijo que había sido escogido para dirigir a su
pueblo fuera de la opresión y llevarlo a
Una
traducción exacta del nombre del Señor no puede ser dada; Yo Soy Quién Soy
es una de muchas traducciones posibles. El significado esencial de este nombre es que El
Señor es Ese que es
La esencia
de quiénes somos nosotros, es este Yo Soy; este ser transpersonal que no
puede ser definido o descrito por la palabra o concepto. El poeta Kahlil Gibrán escribe
al respecto: Ser, es un mar ilimitado y desmesurado. Moisés, que estaba
identificado con su ser personal, se sintió inadecuado para esta tarea. Cuando nosotros
estamos únicamente identificados con nuestro ser personal, el ego, nos sentimos
inadecuados para la tarea de la transformación. Si cultivamos nuestra conciencia del
Yo soy, y aprendemos a rendirnos a este ser transpersonal (como Moisés
finalmente hizo), nos damos cuenta que nuestras únicas limitaciones son aquellas que nos
imponemos.
Con la
dirección y apoyo del Señor, Moisés confronta al Faraón diciendo Así dice el
Señor, el Dios de Israel: Deja salir a mi pueblo (Exodo, 5:1). El Faraón rehusa, y
así niega cualquier conocimiento de Dios. Sólo después de sufrir diez terribles plagas,
el Faraón finalmente accede a dejar ir a los Israelitas.
Enfrentándose
a la regla del Pasado.
Ahora
examinemos al Faraón. Para los Egipcios, el Faraón era mucho más que un rey, era una
deidad, la encarnación de lo divino. Metafísicamente, Egipto simboliza la vida del no
despertar, la vida gobernada por preocupaciones externas y materiales. El Faraón
representa la unión de este mundo. Simboliza el ego personal, -el ser separado de la
conciencia del Señor, de nuestro verdadero ser. Gobierna con el miedo siempre presente,
porque parte de sentirse separado de su verdadera naturaleza.
A menudo,
sólo después de sufrir la plaga de un gran sufrimiento, deseamos rendirnos a
la voz del Señor que nos habla. Sólo después de sufrir inmensas penas incluyendo
la muerte de su propio hijo, -el Faraón accede a dejar ir a los Israelitas
y aún
así, después, cambia de parecer.
Cuando
el rey de Egipto fue informado de que la gente había partido; la mente del Faraón y sus
sirvientes cambió y dijeron, ¿Qué es ésto que hemos hecho, que hemos dejado que
Israel nos deje de servir y que parta?. Así es que, hizo preparar su carro y llevó
sus armas con él, y llevó seiscientos carruajes escogidos
Los Egipcios los
persiguieron, todos los caballos y carros y sus hombres a caballo y sus guerreros, y les
dieron alcance mientras acampaban junto al mar. (Éxodo, 14: 5-7,9).
La vieja
realidad no se olvida fácilmente, y justo cuando pensamos que hemos puesto el
pasado en el pasado, sorprendentemente, éste nos persigue con gran fuerza. A veces,
es muy fácil volverse miedoso y desanimado, como les pasó a los Israelitas. Cuando
El Faraón se acercaba, sintieron mucho miedo, clamaron al Señor y le dijeron a Moisés:
¿Acaso no había tumbas en Egipto para que nos hayas traído a morir al desierto?.
¿Qué has hecho de nosotros al sacarnos de Egipto. (Éxodo, 14: 10-11).
Atrapados
entre los guerreros egipcios y el Mar Rojo, parecía haber poca esperanza para los
israelitas.
Atrapados
entre las memorias del pasado (que en el presente son sólo pensamientos) y un futuro
incierto, podemos sentir ansiedad y arrepentimiento, porque podemos sentirnos,
aparentemente, en una situación desesperante. Entonces podemos lamentarnos de nuestras
decisiones previas: Porque hubiera sido mejor servir a los egipcios que morir en el
desierto: (Éxodo, 14:12).
Saliendo
adelante en
La
solución a este dilema, está dado claramente en la historia: Y Moisés dijo a su
gente: No se asusten, permanezcan firmes, y verán de qué manera El Señor los va a
salvar; porque los egipcios que ven ahora, nunca más los volverán a ver. El Señor
peleará por ustedes, y ustedes solamente tienen que aquietarse.
El Señor
dijo entonces a Moisés, ¿Por qué clamas a Mí?. Di a la gente de Israel que se ponga en
marcha. Levanta tu bastón, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los hijos
de Israel pasen en seco por en medio del mar. (Éxodo, 14: 13-16).
El resto
es historia: Moisés levanta su bastón, el Mar Rojo se parte, y los hijos de Israel
cruzan por el mar partido. Los egipcios los persiguen, sólo para encontrar que el mar
regresa para sumergirlos; todos los egipcios se ahogan y los hijos de Israel están libres
para seguir su destino.
Esta es
una lección muy poderosa: dejar ir el pasado y salir adelante con la vida. La enseñanza
consiste en dos partes: primero, permanece firme sabiendo que El Señor, el YO SOY de tu
ser, -trabajará para ti hoy. Segundo, estate quieto y sabe
y entonces avanza hacia
delante con fe y coraje.
El bastón
levantado simboliza el poder, no el poder del mundo, sino el poder del espíritu
trabajando para ti cuando lo llamas. Este poder puede trabajar de manera que parezcan ser
milagros en tu vida. No le pidas ayuda a Dios, sino preferiblemente reclama y agradece el
poder creativo de Dios que ya trabaja en tu vida
y entonces avanza hacia delante con
fe, a pesar de todos los aparentes obstáculos.
El Éxodo
de Egipto fue un final. La historia del Éxodo es un retrato arquetípico de finales. Rica
en simbolismo, esta historia es una verdadera mina de oro realmente práctica. Vimos que
Egipto no era inherentemente un mal lugar
De hecho, en una época de la historia de
Israel, fue un muy buen lugar que los salvó del desastre. Pero a los hijos de Israel les
quedó pequeño su medio ambiente. A nosotros también, pueden quedarnos pequeñas las
circunstancias, aunque hayan sido buenas una vez. Nosotros también necesitamos un Moisés
interno para guiarnos más allá de nuestra antigua vida. Como los hijos de Israel,
podemos sentir miedo y ansiedad y podemos apegarnos al pasado
pero siempre El Señor
de nuestro ser está ahí, dirigiéndonos, guiándonos, llamándonos hacia