"LOS CAMBIOS EN LA VIDA DE LAS MUJERES"

(Temores, Mitos y Estrategias)

Primera Parte

Clara Coria

La vida es una sucesión de cambios.

 

Los cambios son compañeros ineludibles de ruta en el transitar humano; hacen gozar y sufrir, clavan sus uñas o acarician gozosamente pero jamás son inocuos.

 

Los seres humanos, envueltos en sus paradojas, suelen acelerar las etapas de la vida con la misma energía con la que luego intentan frenarlas: en la infancia y juventud, los aceleran; en la adultez, buscan barreras que los frenen, por temor a perder lo que se consiguió. Al desear frenar el tiempo que fluye irremediablemente, muchos pierden en el intento lo más genuino de sí mismos: el orgullo de ser lo que son y, por encima de todo, la paz interior para disfrutar de aquello de lo que aún disponen.

 

Mi propuesta: Ante los cambios que nos presenta la vida que son inevitables y nos trascienden, podemos aliarnos con ellos, tomar posesión de ellos, en lugar de perder tiempo tratando de negarlos. Tomar posesión de los cambios significa, entre otras cosas, acompañar su devenir asumiéndonos como protagonistas en vez de ser sorprendidas, arrastradas o aplastadas por ellos: liderarlos en lugar de ser lideradas.

 

Tomar posesión de los cambios requiere, por lo menos,

TRES ACTITUDES BÁSICAS:

ACEPTACIÓN 

ACOMPAÑAMIENTO y

PROTAGONISMO

 

a) ACEPTACIÓN: Aceptar no es resignarse…

La confusión entre estos conceptos lleva a actitudes de vida muy diferentes; la resignación supone tolerar pasivamente lo que nos tocó en suerte, implica renunciar a buscar posiciones que permitan encontrar formas más llevaderas o positivas para afrontar momentos que nos resulten adversos, lo cual inhibe la búsqueda de estrategias.- LA ACEPTACIÓN, en cambio, implica ejercitar el criterio de realidad. Es la capacidad de ver las cosas como son -aunque no nos gusten- y entender que se ha producido una transformación, que dejaron de ser lo que eran o que no son lo que se hubiera deseado que fuesen. La aceptación da lugar a comportamientos operativos en la búsqueda de estrategias vitales. Es una manera de instalarse en la dimensión del presente y del tiempo en movimiento, mientras la resignación es una forma de sumisión incondicional que anticipa un futuro cristalizado.

 

b) EL ACOMPAÑAMIENTO, es la actitud que permite transitar los cambios con una disposición abierta, lo menos prejuiciosa posible, hacia un futuro que no está pautado de antemano. Significa tener la suficiente plasticidad para ir asumiendo un devenir que aún no está definido; soportar la incertidumbre que implica desprenderse de parte de lo conocido. Acompañar los cambios es transitar los acontecimientos que necesariamente son novedosos y que nos plantean preguntas para las cuales aún no tenemos respuestas, abriendo horizontes que desconocemos. Implica permitirse pensar que no somos solamente lo que fuimos y conocemos de nosotras, sino también que hay otras posibles dimensiones de nuestra personalidad que no tuvieron posibilidades de expresarse o espacios para desarrollarse.

 

Este acompañamiento no está relacionado con los cambios que tienen un futuro pautado como es el caso de aquellas mujeres que "ya saben" que cuando sus hijos tengan descendencia, ocuparán el lugar de abuelas, al igual que sus madres o las madres de sus madres. Pasan de madres incondicionales a abuelas a disponibilidad, sin la posibilidad de elegir otros futuros. Lo anterior no significa cuestionar el placer de ejercer la "abuelitud", sino la falta de elección frente a un futuro que ofrece muchas otras alternativas que siguen quedando en la sombra.

 

c) EL PROTAGONISMO, es un punto de llegada y al mismo tiempo, de partida. Se llega a la posibilidad de asumir nuevos protagonismos luego de haber aceptado que las cosas "no son como eran antes" y de haberse permitido acompañar el momento de transición con la incertidumbre necesaria para abrirse a nuevas alternativas. Como punto de llegada habilita nuevas búsquedas que incluyen la construcción de nuevos espacios, para lo cual resulta imprescindible desprenderse de lo que "ya fue". Sin soltar lo que se aprisiona en la mano es imposible asir lo que está fuera de ella….

 

Desprenderse del pasado es lo que hace posible tomar posesión del presente, sin que ello signifique desentenderse del pasado ni mucho menos perderlo. Considerar a los desprendimientos como pérdidas constituye uno de los mayores obstáculos para tomar posesión del presente. Es distinto desprenderse que perder: pérdida es todo aquello que pasó a nuestro lado y no supimos - o no pudimos- vivir intensamente; al desprendernos en cambio, tenemos la posibilidad de enfrentar las transformaciones del pasado en pos de adquisiciones presentes y ello nos permitirá protagonizar los cambios para nuestro beneficio. Las transformaciones no niegan el pasado sino que lo incluyen.