Todo lo que vemos y

tocamos, algún día se

desmoronará en polvo.

Y sin embargo, una voz

interna nos dice que debe

haber algo que no cambia.

¿Existe?. Y si es así,

¿cómo lo encontramos?.

 

ENCONTRANDO SEGURIDAD EN MEDIO DEL CAMBIO.

Por Robert Brumet.

 

En La Búsqueda De Lo Que No Cambia.

 

¿Es posible encontrar algo permanente en un mundo que está cambiando continuamente? La necesidad de seguridad y estabilidad es un impulso humano fundamental. Por esta necesidad de seguridad, podemos intentar apegarnos a la gente, posesiones, roles y títulos, pero en lo profundo, la mayoría de nosotros sabemos que buscar seguridad en un mundo externo, es como construir un castillo de arena antes de la marea que viene. Simplemente intentamos comprar tiempo para evitar lo inevitable.

 

En   nuestro estudio del proceso de transición hemos encontrado varias paradojas, tales como “un final es un comienzo”, o “para encontrarnos a nosotros mismos, debemos perdernos a nosotros mismos”. En esta parte, descubrimos aún otra paradoja: Rindiéndonos completamente al proceso del cambio, descubrimos eso que nunca cambia. Rindiéndonos completamente, somos bendecidos por una Realidad sin cambios que subyace al mundo fenomenal y que está más allá.

 

Las Condiciones Del “Rendimiento” o “Abandono”.

 

Vamos a explorar esta idea. Al rendirnos completamente al proceso del cambio, nos estamos refiriendo a una actitud de rendimiento al flujo natural de vida. Esta actitud de rendirse se conoce también por otros nombres, tales como, “no resistencia”, “aceptación”, “desapego”. Esta actitud, o como se le quiera llamar, se refiere a la manera en que enfrentamos, momento a momento, las experiencias de nuestra vida.

 

Rendirnos completamente es estar abierto, de un modo profundo, a cada experiencia de nuestra vida. Quiere decir, que nos permitimos a nosotros mismos sentir completamente cada respuesta a los eventos y circunstancias de nuestra vida. Quiere decir, estar totalmente en uno mismo, vivir plenamente en cada momento. Dar el “Sí” al momento tal cual es, sin resistirse. Esto requiere dejar ir nuestro apego a cómo pensamos que deberíamos ser e incondicionalmente estar aceptándonos tal como somos en este momento. Requiere buena voluntad para mirar a cada parte de nosotros mismos y cómo brota cada momento: sin negar nada, sin condenar nada.

 

Rendirse, en la forma en que usamos el término aquí, es una experiencia interna. Estar “rendido” de esta manera, no quiere decir volverse “débil o sumiso” ni ponerse de tapete. Podemos decir y hacer lo que es necesario para protegernos y hacernos valer a nosotros mismos en el mundo. Igualmente, aceptar cada parte de nosotros mismos, no quiere decir que realicemos cada pensamiento, sentimiento y deseo. Podemos portarnos de modo sano y responsable y aún estar completamente rendidos internamente. Hacemos lo que necesitamos hacer en el mundo de una manera apropiada para nuestro bienestar y el de otros, y permitimos completamente a cada experiencia interna que ocurra sin interferencia, simplemente observando cada pensamiento, sentimiento, deseo, memoria y sensación física, y… dejándolos ir.

 

Es interesante ver que cuando nos rendimos completamente de esta forma, empezamos a comportarnos de maneras que son benéficas para nosotros y otros. Cuando suprimimos y condenamos partes de nosotros mismos, es cuando estas partes suprimidas actúan inconscientemente en forma destructiva. Al estar deseando experimentar todos los aspectos del ser, estamos ganando más conciencia en todas las áreas de nuestra vida.

 

Estar rendido significa que no tratemos de controlar y orquestar el flujo de nuestra vida; dejamos que la vida se revele. Ciertamente pedimos lo que queremos; exponemos nuestra opinión cuando es apropiado; y actuamos cuando necesitemos actuar, pero no estamos apegados a los resultados. Nos volvemos menos aprensivos con el contenido externo de nuestra vida y más interesados por cómo estamos viviendo nuestra vida cada momento. Empezamos a ver que la verdadera calidad de nuestra vida no depende de circunstancias externas.

 

Vamos a hablar sobre lo que la experiencia de rendirse no es. No es “darse por vencido” o renunciar”. No es resignación o desesperación. Rendirse es un consciente “darnos” a nosotros mismos a algo más grande. Para usar una analogía, se puede decir que un canotista experto debe “rendirse” al río; igualmente que el marino de un velero ha aprendido a “rendirse” al viento. Rendirse no es abdicar la responsabilidad por el modo en que vivimos nuestra vida. Es vivir responsablemente y diestramente permitiendo que una realidad mayor dirija el curso de nuestra vida.

 

Las Formas De Resistencia.

 

Para explorar esta idea más profundamente, vamos a mirar el opuesto a la rendición: resistencia. Resistencia es rehusar aceptar nuestra experiencia del momento presente. La resistencia se manifiesta en el cuerpo como tensión y rigidez. Y se manifiesta en la mente en una variedad de formas, tales como juicios, enojo y miedo. También puede aparecer en formas más sutiles, tales como la racionalización, confusión, o negación. Algunos tipos de resistencia están en el núcleo de todos los comportamientos compulsivos y adictivos.

 

A un nivel más profundo, vemos que el apego a una identidad anticuada, o auto-imagen, puede ser un modo de resistir al flujo natural de vida. Nuestra auto-imagen es principalmente el producto de nuestro condicionamiento. Desde el momento de nuestro nacimiento, (si no antes) estábamos sujetos a las motivaciones y expectaciones de nuestra familia y cultura. Ellos nos dijeron (con frecuencia no verbalmente), quiénes éramos… y en ese tiempo no teníamos otra elección que creerles. Pero si seguimos apegándonos a esta “programación” del pasado, podríamos estar resistiéndonos a la plenitud de vida que busca expresarse a través de nosotros ahora. La mayor parte de nuestra resistencia es inconsciente. Simplemente desear rendirse uno mismo rara vez es suficiente para vencer esta resistencia más profunda. Es necesario estar consciente de cada experiencia momento a momento, para que las resistencias sutiles puedan ser vistas y liberadas conscientemente. La práctica de la conciencia consciente del observador interno o “yo testigo” combinada con una actitud de aceptación y de “no juicio”, disolverá realmente toda resistencia en la conciencia.

 

Nuestra respuesta condicionada a casi toda experiencia desagradable es “restringir y rechazar”. Se necesita visión y perseverancia para reeducarse a uno mismo a “abrirse y permitir” que ocurra cada experiencia como naturalmente sucede.

 

Cuando conscientemente nos observamos a nosotros mismos, nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y comportamientos, empezamos a ver los lugares más profundos dentro de nosotros mismos donde estemos reteniendo, rehusando dejar ir, rehusando rendirse. La observación continua nos muestra que esta retención es la causa de mucho sufrimiento. La resistencia a cualquier experiencia dolorosa causará al final más sufrimiento que el dolor original en sí. Con esta visión, comenzamos a dejar ir, a rendirnos a niveles mucho más profundos.