EL MILAGRO SOY YO

 

Después de regresar de Houston con un foco de linfoma en médula ósea, me preguntaba y preguntaba a mi Padre Dios ¿cuál es tu mensaje? ¿qué tengo que descubrir? ¿qué tengo que trabajar?… y dos noches tuve el mensaje que hoy escribo.

 

EL MILAGRO es el hecho que rompe mi vida mecánica, de títere. Este puede ser la pérdida de la salud, de un negocio, de un capital, de un trabajo, la enfermedad o muerte de un ser querido, un accidente, o un sacudimiento de mi fe, de mis creencias o de cómo estoy viviendo y qué hago con mi cuerpo, con mi mente, con mi espíritu, con lo que me rodea, mi prójimo, la Creación, etc.

 

Este hecho es el verdadero Milagro. Porque antes podía ser un muerto en vida, y a partir del Milagro se genera en mí el proceso de vida en la fe y el amor; el proceso de búsqueda, de encuentro con Papá Dios, con Jesús, conmigo mismo, con la Creación, con mi prójimo.

 

De esta búsqueda nace el amor, “el amor inclusivo”, el amor unidad.

 

Esto lo veo muy claro en el Evangelio: el Milagro no lo hace Jesús sin sentido, sino que se da en un proceso de unidad, de búsqueda, de descubrimiento, de petición, ya sea del enfermo o de los amigos del enfermo; del o de los que creen, del o de los que tienen fe y esperanza.

 

Para Jesús una curación no es automáticamente un Milagro. Sólo lo es cuando gracias a la fe el hombre descubre la señal de que Dios, su padre, está de su parte para salvarlo. Por eso son inseparables la Fe, Esperanza y Milagro.

 

Más maravilloso es aún cuando se descubre que el primer Milagro es la unidad total que se da entre Dios y uno mismo: Él y yo somos Uno, porque yo le pertenezco a Él y Él me pertenece. Es por eso que mi ser mismo es un Milagro. El Milagro está dentro, fundido en mi: YO SOY EL MILAGRO.

 

Ahora bien, para que el Milagro se dé hay que continuar el proceso, y no quedarse en el hecho detonador. Hay que caminar, y caminar es buscar al Espíritu que está dentro de mi. Es dejarme guiar para ir soltando, para renunciar al pasado que me impide amar. Es irme reforzando en la fe, en la vida y, en su momento, en la muerte que, en realidad, al final es la vida verdadera y eterna: La vida total.

 

Esto es posible, y por eso camino confiando en sanar el cuerpo, el alma y todo mi ser.

 

Camino también en esperanza, como ese paralítico que esperaba algún día poder entrar a tiempo a la piscina de Siloé para ser curado. Jesús ve su fe y su esperanza y lo cura también.

 

Para mí el primer Milagro es el soplo de mi Padre que me dió la vida. El segundo es la sabiduría de mi cuerpo y de mi ser, hecho a su imagen y semejanza. El tercero es la buena noticia de Jesús de que el Amor nos salva. El cuarto es el regalo que me dio Jesús con el Espíritu Santo, que trae la sabiduría a mi ser. El quinto es el llamado del padre para construir su reino, de justicia y de amor, un mundo en que haya vida integral para TODOS.

 

Así que la otra noche el mensaje fue: Gerardo, EL MILAGRO ERES TU, porque Yo estoy en ti, y Yo he dado a tu cuerpo la sabiduría para curarse.

 

En resumen, el Milagro empieza cuando empiezo a amar a la vida, y a mí mismo, (a mi cuerpo, mi mente y a mi espíritu) cuando empiezo a amar a los demás, a la Creación, y a todo lo que me rodea en su diversidad, sin quererlos cambiar, aceptándolos como son. Cuando empiezo a amarme en mi subjetividad, como ser único y a darme cuenta de lo que yo no haga en la construcción de este mundo, quedará sin hacer, y que nadie lo puede hacer en lugar mío.

 

El Milagro se completa al reconocer que el amor se da en comunión total con Dios, con todos y con todo lo que me rodea.

 

Así que el Milagro soy yo, somos todos, es la vida…

 

 

 

Gerardo Cándano.

 

Huasca, Hidalgo, 11 de abril de 1994.