TESTIMONIOS ANTE LOS VEINTE AÑOS DE CECURA:

 

bullet

Con todo mi ser roto, desvalida, hecha pedazos. Me movía el miedo, el miedo a salir de casa, miedo de hablar, miedo del contacto con los otros. Mi ser, mi cuerpo y mi alma sangraban por doquier.

CECURA me recibió, entonces, CECURA fue para mí, un sostén, un sostén de mi estructura misma. Me contuvo emocionalmente, no caí en un abismo sin fin que se hallaba en un continuo en mi estar en este Universo. Me acompañó en aquellos días de dolor que rebasaba mi umbral. Amorosamente su escucha era mi mejor medicina, así como el recibimiento de cada día… que significaba para mí alimento de vida, alimento de fe, alimento de esperanza…

Paso a paso fui saliendo de nuevo… me fui abriendo camino en diferentes formaciones, el dolor era menor pero seguía ahí, y me sentía con la necesidad de buscar más alivio a esa parte de mi que se sentía desahuciada, con vergüenza de no aliviar de lo que mi alma adolecía….

Inicié mi formación como Psicóloga… al mismo tiempo como Tanatóloga… y buen día en el camino de mi formación, me llama una mujer desde Ecuador, quería que ayudara a su padre que estaba agonizando, y se encontraba solo. Así fue, asistí de inmediato el llamado, y efectivamente, don José estaba en una agonía doliente, sólo que en lugar de morir, Don José se fue recuperando, fue renaciendo de nuevo ante la presencia, ante la función de sostén, de contención, de acompañamiento y una escucha amorosa… “Desde ese día mi ser, mi cuerpo y mi alma empezaron a sentir un alivio distinto, diferente… desde ese día mi quehacer con pacientes terminales siguieron uno tras otro, uno tras otro”. Quiero decir que el principio de CECURA estaba dando frutos, “Dar y recibir es lo mismo”…

Actualmente me desempeño como Psicoanalista. Escucho a mis pacientes con mi ser, mi cuerpo y toda mi alma… mi trabajo con pacientes terminales son con los mismos ingredientes, donde si no sanan del organismo, del cuerpo, sí sanan del alma… y dondequiera que voy, mi lengua materna me acompaña, la amorosa esencia de CECURA, ésta, está y me acompaña en cada quehacer, donde más allá de las teorías es CECURA un caudal de semillas, las que en todo instante están presentes.

 

bullet

 Al conocer al hermoso equipo de Curación de Actitudes, inicié un camino de descubrimiento constante sobre mí misma y sobre otros. Comencé por darme cuenta de que, al participar en un grupo de CECURA,  nuestras experiencias se unían y encontraba un consuelo inmediato a mi dolor. Me sorprendí mucho la primera vez que alguien se acercó a mí, y me dio las gracias por “aquello que había dicho la semana anterior”, que “había cambiado su vida a través de lo que dije”. Y yo me preguntaba: “¿Pues qué dije?” Me di cuenta entonces, que no tenía que ser yo ni terapeuta, ni experta en relaciones interpersonales, ni médico, para ayudar a alguien a curar su actitud ante la vida, y hasta su cuerpo.

Supe que al aprender a perdonar de verdad, dejando de juzgar lo que ocurría en mi vida y aprendiendo a ver las cosas de otra manera, podía liberarme de las pesadas cadenas que había venido arrastrando. Me comenzó a quedar claro, cada vez más, que podía elegir soltar el pasado y el futuro (pues sólo existen en mi mente), y que en el presente tengo todo lo que necesito para no temer y ser feliz.

 

bullet

Antes de llegar a CECURA era un ser enfermo del cuerpo, espíritu y mente. Resentida con los demás, con la vida y con Dios, todo me salía mal, no tenía fe, ganas de vivir, con muchos trastornos físicos. Muy triste sin poder trabajar, ni ganas de hacerlo.

Después de llegar a CECURA me siento un ser de luz, con mucha paz, con fe y confianza en los demás, con la vida y con Dios. Con sueños y proyectos, mejorando mi situación material. Mejorando mi situación de salud con optimismo.

 

bullet

Me encontraba triste, enojada con la vida, yo tomaba, fumaba, recordaba todo el maltrato de mi mamá, los golpes, las humillaciones. Todo lo veía gris, estaba muy enojada hasta conmigo misma, las personas que me veían me preguntaban si estaba enferma… Hasta que una persona me invitó a CECURA, me sentí muy bien, ahora me veo guapa, me amo, y lo más importante es que he aprendido a perdonar a los demás y a mi misma, veo diferente…

 

bullet

Mi vida antes de CECURA no tenía propósito alguno, sin saber a donde ir, ni cómo conducirme ante mi, enferma, llena de odio hacia mi, con problemas en mi casa, con mis hijos, careciendo de valor. El llegar a CECURA me ha servido para conocer qué quiero y a donde voy, a medida que pasa el tiempo estoy mejorando en salud, soy más segura, he aprendido el valor de mi vida. Me ha servido para saber que estoy aquí para servir, sobre todo saber que yo soy Yo.

 

bullet

Antes de llagar a CECURA me encontraba sumergido en una profunda depresión, resentimiento, odio, rencor, un profundo dolor de separación, lo único que quería era desaparecer de este mundo. Toqué muchas puertas, ninguna me dio mejor resultado. En CECURA se me recibió con amor, compartimos amor, lo que anduve buscando.

En este momento sigo aprendiendo y seguiré por que esto no termina. Diario debe haber una nueva lección de vida. Doy gracias por estar vivo.

 

bullet

Mi vida anteriormente era muy apresurada, casi siempre estaba de mal humor. Me auto castigaba y siempre me decía a mi misma “pudo haber sido mejor pero yo lo arruiné”. Nunca estuve conforme con nada y sufría por ello. Un buen día mi mamá se enteró de CECURA, ella asistió, maravillada me platicó de todo y noté su cambio radical en su vida y por ende en la mía.

Ella cambió su vida a pesar de que estaba en fase Terminal de cáncer pulmonar.

Es aquí a donde se cierra mi capítulo pasado, iniciando mi nuevo capítulo, en donde empiezo a escribir con nuevas letras. Me acepto como soy y me amo, y mi camino está cambiando sabiendo que todo está en perfecta calma, siempre que yo esté bien internamente.Mi vida es más clara y más objetiva… ¡Gracias por existir!

 

bullet

Cuando llegué a CECURA, sentí algo diferente, especial: me dieron calidez y confianza, simplemente me escucharon con amor, mi facilitadota (guía de grupo) me impresionó con su sencilla sabiduría, respeto amoroso al dirigir el grupo.

Yo no sabía que existieran seres humanos tan bellos, sabios y amorosos, ahí me enseñaron con su ejemplo que el más hermoso de los trabajos es el servicio.

Y algo ocurrió, interiormente me di cuenta que solo el hecho de escuchar con amor y sin juicio me enseñaba mucho y las personas se sentían respetadas, amadas y así aprendíamos todos juntos a caminar con otra visión de la vida.