Este
mes se celebra el día de las madres
y, ¿qué es una madre?: Una fuente de vida.
Pero no lo es ella sola; se requiere de un hombre, una mujer y
Dios,
De
manera que ser fuente de vida no es exclusivo de las mujeres que han tenido hijos
Ni
siquiera solamente de las mujeres
Es de la esencia del ser humano: provenimos de
Por
eso me parece tan importante darnos cuenta de toda la vida que ya hemos generado y
plantearnos qué más vida estamos ahora llamados a dar.
Una
forma de hacerme la pregunta puede ser: ¿de qué o de quién soy fuente-madre? ¿De
qué amistades, pensamientos, empresas, poemas, risas, actividades, personas, plantas,
ideas he sido o soy madre?
Todo
lo que de alguna forma genere vida, propicie la vida, refuerce la vida, habla de nuestra
función maternal.
Y
otro aspecto que para mí últimamente ha adquirido particular relevancia es
descubrir que en mí está la fuente de aquello que más necesito.
Esto
no es desde luego idea nueva; la he oído antes muchas veces con distintas formulaciones
pero hoy me resuena y contacta conmigo a profundidad.
¿Necesito
ser escuchado?
Voy a escuchar y escucharme.
¿Necesito
ser abrazado? Voy a abrazar y abrazarme.
¿Necesito
ser tomado en cuenta? Voy a tomar en cuenta a otros y a tomarme en cuenta a mí.
Eso
es algo que he experimentado y doy fe de que funciona. Porque la maravilla es que de
entrada, disuelve esa sensación de impotencia y de sentirse víctima que es tan dolorosa
y que crea un fardo tan pesado.
Cuando
creo que mi bienestar depende de otra persona o situación, de algo en el exterior, me
siento desvalido.
Por
supuesto que nos necesitamos unos a otros, pero también necesitamos recordar que dentro
de nosotros fluye un manantial de vida.
Esa
es la buena noticia: puedo hacer lo que sí está en mis manos.
Al
ser yo la fuente, como lo que doy es lo que recibo, me voy enriqueciendo, y al ponerlo en
práctica se me hace realidad el que somos uno, olas del mismo mar, esencia de amor todos,
y es por eso que lo que doy a otro me lo doy a mí
Sin
ponerle nombre empecé a experimentar esta realidad en situaciones muy concretas:
Por
ejemplo: un día al estar con una amiga noté que no se interesaba por mí, que me
interrumpía, me decía lo que debes de hacer es
(palabras que por
cierto desatan mi furia interna)
Al darme cuenta de mi molestia tomé la
determinación de eso no hacerlo yo. Entonces, sin que ella lo supiera, la convertí en mi
maestra, y me conecté en mi interior con una fuente inagotable de aprendizaje.
A
continuación decidí interesarme en ella, no interrumpirla, erradicar de mi vocabulario
las palabras lo que deberías hacer es
Cuando
empecé a experimentar la satisfacción de actuar así, se me hizo evidente que la
respuesta está en ser yo la fuente de lo que deseo. Entonces no hay límites al gozo y al
aprendizaje.
Porque
al yo dar lo que sea, me doy cuenta de que ya lo tengo.
¿Quiero
alegría? Doy alegría a quien esté conmigo y descubro que
¡Tengo alegría!
Así
que ahora mi reto es aplicarlo a todas las áreas de mi vida
Y
entonces cobra un sentido pleno la oración de San Francisco: no pido ser consolado
sino consolar
De hecho yo sé que al consolar a alguien, con muchísima
frecuencia le digo lo que yo necesito oír
y al darme cuenta, basta con que me abra
a recibirlo
Y
entonces me queda claro por qué
Esto
me lleva por lo tanto a recordar que si lo que quiero es tener vida plena, he de
convertirme en una fuente de vida
Eso
sí: no puedo esperar nada a cambio. No puedo hacerlo para que yo reciba, pues
eso destruye todo.
Tengo
que hacerlo generosa y espontáneamente, simplemente sabiendo que así sucede. Y ésto es
algo que sólo lo veremos cuando lo creamos.
Sólo
viviéndolo, como estoy segura de que ya lo han vivido en muchas ocasiones, sabemos que es
cierto.
Así
que les reitero la invitación a ser la fuente de su vida siendo fuente de vida para el
mundo.
Sólo
tengo que reclamar la riqueza de mi energía femenina, masculina, y divina
y vivir
en consonancia.
Sólo
tengo que reconocerme como fuente de vida. Hacerlo ha sido regalo para mí. Ojalá lo sea
también para ustedes.
Maruja Cándano.