Cuando
cambios inesperados nos dejan sintiéndonos como si hubiéramos sido escogidos como blanco
del destino o como si alguien, arbitrariamente, nos acabara de cancelar nuestro bien, es
tiempo de descubrir la realidad de:
EL
PLAN REVELADO.
Una
Oruga en el Tapete.
IMAGINEN
UNA oruga arrastrándose a través de un tapete oriental de diseño complicado. Esta oruga
no ve nada, como no sea interminables series de colores cambiando continuamente. Sin
embargo, una mariposa volando arriba del tapete puede realmente ver el diseño que está
debajo del trayecto de la oruga. De hecho, hay un diseño, un plan, para cada uno de
nosotros. Sin embargo, somos como la oruga en el tapete: vemos solamente una serie de
eventos que ocurren delante de nosotros y que aparentemente no se relacionan.
Como
el tapete para la oruga, algunas veces el cambio nos parece desordenado y caótico. Pero
la verdad es que ni una sola cosa ocurre sin un propósito en nuestra vida, aunque ese
propósito subyacente rara vez sea evidente al principio. Para la mayoría de nosotros,
sólo en retrospectiva, después del paso del tiempo y la curación del dolor, empezamos a
percibir un propósito detrás de las transiciones de nuestra vida.
Dentro
del núcleo de cada célula en nuestro cuerpo, existe una molécula de DNA que dirige el
destino de esa célula. Así mismo, dentro de cada alma, un plan divino guía su
evolución. Y dentro del alma colectiva de la humanidad, un plan divino está en acción
dirigiendo el sendero de nuestra evolución.
Teilhard
de Chardin, sacerdote Jesuita y paleontólogo distinguido, creyó en dicho plan. En su
libro El Fenómeno Humano, él articula su visión del universo físico como
una manifestación dinámica de la consciencia siempre evolutiva. En este sistema, la
humanidad, como especie, es un eslabón esencial en la progresiva revelación de la
consciencia, desde la sustancia más primitiva del universo a la culminación de toda
evolución: el punto Omega, la consciencia de la unicidad con Dios.
Esta
evolución de la consciencia es la fuerza impulsora detrás de toda evolución física. De
acuerdo a Teilhard, el propósito del universo físico es servir como vehículo de la
consciencia para el desarrollo. Y en este esquema, la humanidad auto-consciente es la
evolución que reflexiona sobre sí misma.
La
evolución, según Chardin, ocurre por etapas. El desarrollo de la consciencia ocurre
dentro de cada etapa según un patrón de complejidad incrementada. Cuando un cierto
umbral de complejidad es alcanzado, una convergencia toma lugar: un punto crítico en el
cuál la evolución dará un salto cuántico a un nivel de conciencia totalmente nuevo.
De
acuerdo con esta teoría, la sustancia primitiva evolucionó en átomos, de ahí a
moléculas inorgánicas, y después a moléculas orgánicas complejas. Entonces ocurrió
un salto cuántico: ¡nació la vida!. En forma similar, la vida lentamente evolucionó de
un organismo de una sola célula, a una criatura compleja conocida como el ser humano.
Entonces hubo otro salto cuántico y ¡nació el pensamiento!. Luego el pensamiento
evolucionó de los pensamientos rudimentarios del hombre-mono, al genio de Shakespeare,
Mozart, y Einstein
Apuntando
al Umbral de un Salto Cuántico.
Hoy,
nuestro mundo está saturado con pensamientos complejos y cantidades masivas de
información. En algunas áreas de investigación humana, creemos haber alcanzado los
límites de nuestro entendimiento, pero algunos creen que estamos en el umbral de un salto
cuántico hacia un nuevo estadío de nuestra evolución.
¿Cuál
es esta siguiente etapa más allá del pensamiento?. Dado que el futuro es
desconocido, sólo podemos adivinar. Y aún si supiéramos, no podríamos describirlo
porque el lenguaje en sí es un producto del pensamiento vigente. Podríamos en el mejor
de los casos, señalarla con lenguaje, pero no podemos explicarla y no podemos
comprenderlo con el intelecto.
Lo
que la oruga llama
el
fin del mundo, el
maestro
lo llama una
mariposa.
Richard
Bach.
Un
proverbio Zen dice: El dedo que apunta a la luna, no es la luna. La distancia
entre nuestra especulación acerca de este siguiente nivel de ser y estar en él, es aún
mayor que la distancia de un dedo apuntando a la luna y la luna misma.
Así
es que, ¿Cómo podemos apuntar mejor a este siguiente nivel?. Un modo para
hacerlo es mirar a algunos individuos que parece que ya han dado este salto
cuántico al siguiente nivel del ser.
Hay
una leyenda budista sobre Siddartha Gautama (El Buda), que se convirtió en iluminado
después de haberse sentado largamente debajo de un árbol. Después de su iluminación,
estaba caminando por un sendero cuando un hombre se acercó a él y notó su expresión
extraordinaria.
Con
temor reverencial por lo que había visto, el hombre preguntó a Buda:
Señor,
¿Eres un Dios?
A
lo que Buda respondió, No.
Entonces,
¿Eres un hombre?.
No,
el Buda respondió otra vez.
Entonces,
¿Qué eres?.
El
Buda respondió, Un ser
despierto.
Quinientos
años después del tiempo de Buda, un Maestro llamado Jesús de Nazaret (el Cristo),
quién también estaba Despierto, predicó un mensaje radical: El reino
de los cielos está a la mano. (Mateo, 4:17). Y el demostraba Su comprensión de
este reino, a través de la extraordinaria vida que vivió. Expresó en
numerosas metáforas y parábolas la naturaleza del reino, y a pesar de todo, no pudo
describirlo directamente con palabras.
Tal vez, podríamos llamar a la siguiente etapa de evolución el despertar, o la entrada al reino de los cielos. Sería inútil intentar describir esta siguiente etapa. En cambio será más útil hacernos esta importante pregunta: ¿Cómo llegamos ahí?.