PARTE 2
¿No
sería increíble tener un mapa a seguir, cuando llegaran los cambios en la vida?
¿Cómo
se vería un mapa de los cambios en la vida?
Uno
de mis entrenamientos es el canotaje. Cuando hago canotaje, frecuentemente me encuentro
con el fenómeno del agua blanca. El agua es blanca porque está corriendo
velozmente, normalmente sobre rocas sumergidas. El agua blanca, para la mayoría de los
canotistas, significa: buenas noticias y malas noticias. Las malas noticias
son, que es muy fácil volcar la canoa cuando se está en el agua blanca. Y, si uno se cae
al agua blanca, es muy posible herirse o ahogarse. También es posible que la canoa se
dañe y pierda el contenido. (¡Tal vez, lo peor de todo es el dolor de la vergüenza si
es visto por otros canotistas!). Así es que, el lugar menos deseable para caerse de la
canoa, es en el agua blanca
Sin embargo es entonces cuando es más probable que
suceda.
Y
ahora, las buenas noticias: ¡El agua blanca puede ser muy divertida!. Puede ser
emocionante, desafiante, y uno puede avanzar muy rápido. Es muy interesante saber que la
parte peligrosa del trayecto, puede ser la más recompensada.
Los
Tiempos de Transición son como estar en el agua blanca. Pueden parecer
tiempos difíciles y peligrosos, pero también pueden resultar tiempos emocionantes, en
que las cosas se mueven velozmente. Puede ser el tiempo cuando hacemos progresos muy
rápidos en nuestro crecimiento espiritual.
Una
transición es, frecuentemente, un tiempo de crisis. Generalmente a nosotros no nos gusta
la experiencia de crisis. Tal vez, no nos guste ni el sonido de la palabra.
Sin embargo, la lengua China nos presenta una interesante perspectiva de la palabra
crisis. En chino, la palabra crisis está formada por la combinación de otras
dos palabras: una significa peligro y otra oportunidad. Una
traducción bastante poética que he oído, y que se refiere a crisis es:
la oportunidad para montar en un viento peligroso. Si fuéramos a usar la
metáfora de velear, en lugar de la de canotaje, veríamos este mismo principio en
acción.
La
transición puede ser un período muy incómodo, pero es siempre un tiempo significativo.
Es un tiempo en el que el viejo órden de nuestra vida es interrumpido. Es el tiempo en
que nuestro habitual modo de ser y de vivir se ve perturbado. Puede ser también un tiempo
en el que se vea desafiado nuestro sentido de la realidad. Aunque dolorosos, pueden ser
tiempos extremadamente significativos en nuestra vida. Los tiempos de transición son
oportunidades maravillosas para ganar fuerza y sabiduría
Oportunidades para
experimentar avance y curaciones espirituales. La transición puede proveer el empujón
necesario para vivir una vida enteramente diferente: no la vieja vida de una nueva manera
sino una vida enteramente nueva.
Jean Houston escribe:
En
los tiempos de sufrimiento, cuando te sientes abandonado, más aún, aniquilado, se está
dando, a niveles más profundos que tu dolor, la entrada de lo sagrado, la posibilidad de
la redención. Las heridas abren las puertas de nuestra sensibilidad a una realidad más
amplia, que suele estar bloqueada por nuestro punto de vista habitual y condicionado
Pathos (sufrimiento): danos ojos y oídos para ver y oír lo que nuestros ojos y
oídos normales no pueden.
Y
el poeta Kahlil Gibran dice: El dolor es el rompimiento de la concha que encierra tu
entendimiento.
El
cambio, especialmente un cambio importante, o uno que se introduce rápida e
inesperadamente en nuestra vida, con frecuencia rompe la concha que encierra,
no sólo nuestro entendimiento, sino también nuestro sentido de la realidad. El dolor
puede mostrarnos dónde podemos estar resistiendo el rompimiento de la vieja
concha e inhibiendo el resurgimiento de una realidad más amplia; de
hecho, la mayor parte de nuestro dolor surge de la resistencia. Al entender las dinámicas
del proceso de transición podemos aprender cómo minimizar nuestro dolor y facilitar el
nacimiento a la nueva vida.
Clases
de transiciones.
¿Qué
clases de transiciones nos encontramos a lo largo de nuestra vida?. Algunas transiciones
son inevitables en nuestra experiencia humana, otras son probables, y unas más son
posibles, pero no comunes. Nacimiento, adolescencia, mediana edad, vejez y muerte, son
transiciones que virtualmente todos los humanos experimentamos, (dependiendo del promedio
de vida). Graduación de la escuela, matrimonio, oportunidad de trabajo, paternidad y
retiro, son ejemplos de transiciones que la vasta mayoría de nosotros, en nuestra
cultura, experimentamos. Muchos, tal vez la mayoría de nosotros, nunca experimentamos un
accidente debilitador o enfermedad, una bancarrota o un divorcio.
Algunas
transiciones ocurren por elección y otras son lanzadas sobre nosotros ¡estemos
preparados o no!. Algunas las podemos predecir, mientras que otras son bastante
impredecibles.
Algunas
transiciones son placenteras y bienvenidas, otras son desagradables y normalmente
inoportunas. Ciertas transiciones, tales como el retiro o el divorcio, pueden ser
bienvenidas por unos y temidas por otros. Algunas veces una transición en particular
puede causarnos dolor considerable en su comienzo, pero en retrospectiva puede ser vista
como un momento decisivo que nos lleva a un cambio muy positivo de vida.
Nacimiento
y muerte son nuestras grandes transiciones. Entre uno y otra experimentamos otras
innumerables: deseadas o indeseables, esperadas o inesperadas, placenteras o dolorosas.
Cada una diferente en su forma específica, aunque todas las transiciones tiene algunas
características notablemente similares.
Tres
Etapas.
Veremos
que cada transición consiste en tres etapas bastante inequívocas. Cada etapa tiene su
característica distintiva, su reto particular y lecciones para enseñarnos. Cada
transición en general, y cada etapa en particular, tiene un regalo específico para
nosotros, si aprendemos cómo reconocerlo y aceptarlo.
1) Cada transición
comienza con un final. El cambio significa dejar ir lo viejo antes de poder abrazar lo
nuevo. Así es que, la primera etapa del proceso de transición, nos habla de
finales.
2) Muchos de nosotros
quisiéramos creer que la etapa del final es seguida por nuevos
comienzos; pero no es así. Esta segunda fase se caracteriza por un sentimiento de
vacío y una sensación de estar errando en el desierto.
3) Sólo después de
transitar por ella llegamos a la última etapa, que es la de nuevos comienzos.
Una de las características del proceso es que las fases o etapas no son necesariamente
lineales o claramente definidas. Las fases con frecuencia se traslapan, y algunas veces
parecen reaparecer después de que nosotros pensamos que ya habíamos logrado
superarla. Si bien hay un punto teórico desde donde nos movemos de una etapa a
otra, en la vida real tal punto exacto no existe en el tiempo. Para usar una analogía, en
el proceso de la naturaleza podemos decir, que aunque teóricamente el invierno termina y
la primavera comienza en marzo 21, los patrones climatológicos generales pueden cambiar
alrededor del comienzo de la primavera, y el clima de día a día puede variar
marcadamente durante este periodo.
Antiguos
Ritos de Tránsito.
Las
tres etapas del proceso de transición, el final, el vacío, los nuevos comienzos, son
integradas en rituales antiguos conocidos como ritos de tránsito. Un rito de
tránsito es un ritual en el cual el iniciado sufre simbólicamente una muerte y un
renacimiento, finalizando una fase de su experiencia de vida y comenzando otra.
Los
antropólogos han reconocido que cada rito de tránsito, tiene tres etapas.
· Una
fase de separación, en la cual el iniciado es removido del viejo orden y
sufre una muerte simbólica.
· Una
fase de iniciación, en la que el individuo es llevado o mandado fuera de su
tribu o pueblo para confrontar y experimentar el propósito y el significado de su
existencia.
·
Finalmente, una fase de regreso, en la cual el individuo es reintegrado al
orden social como una persona totalmente nueva.
De
todos los ritos de tránsito practicados por gentes nativas en diversas épocas y lugares,
tal vez el más Universal, es el rito de tránsito que marca el fin de la niñez y el
comienzo de la edad adulta: el niño se convierte en hombre; la niña se convierte en
mujer. Típicamente, el individuo es llevado a través de algún tipo de ritual que
simboliza la muerte del niño. En algunos casos, incluso se pone en escena un
verdadero funeral. Con frecuencia, el nombre del niño es remplazado por uno
nuevo; algunas veces los padres del niño pretenderán no ver, ni oír más al niño
porque el niño está muerto y ya no existe más.
Desnudado
de su identidad, el iniciado se vuelve una no persona-invisible- en el
espacio entre mundos. En este bajo mundo, uno confronta la propia existencia y es iniciado
en el mundo de lo transpersonal. El iniciado es dotado de poder por un sueño, o una
visión, o un viaje al otro mundo. Recibe un nuevo nombre y una nueva
identidad. El o ella ha muerto y ha renacido.
Cuando
regresa a la tribu el iniciado tiene un regalo específico, un cierto poder para compartir
con otra gente. En el caso de un niño, él puede ser ahora un cazador, un guerrero, o un
chaman (brujo doctor-, sacerdote que se comunica con los dioses, etc.) mandado para
servir a un bien mayor con su poder recientemente descubierto. Regresa como una
persona nueva. El nuevo ser ha emergido.
Aunque
el término iniciación no es usado específicamente en la Biblia, hay muchas
historias y enseñanzas que aluden a este proceso. Jesús tuvo varias experiencias que han
sido referidas por algunos como iniciaciones. Su partida solitaria al desierto
por cuarenta días, para ser tentado por Satán es una ilustración clásica de un rito de
tránsito. En Mateo, 4:1, es reportado que Jesús fue guiado por el Espíritu al
desierto para ser tentado por el demonio. De esta experiencia, Él emergió dotado
de poder para empezar su ministerio público predicando el evangelio del
reino. (Mateo, 4:23).
Otro
ejemplo muy conmovedor de un rito de tránsito está en la historia de la Crucifixión,
entierro y resurrección de Jesús. Este es, en efecto, el evento de más importancia en
su ministerio. Una experiencia de la cuál Él emerge con poderes mucho más grandes que
antes.
El
Apóstol Pablo tuvo su propia experiencia de iniciación que algunas veces está referida
en sus cartas: ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí.
(Gálatas, 2:20). Él invita a otros a este mismo proceso: Dejen su vieja naturaleza
que pertenece a su anterior forma de vida
Sean renovados por el espíritu, y
revístanse de su nueva naturaleza, creada a semejanza de Dios. (Efesios,
4:22-24).
También
hoy, algunas personas reportan haber tenido una cierta experiencia transformativa
refiriéndose a sí mismos, como nacidos otra vez. De hecho, el tema de
morir a lo viejo y renacer a una nueva vida o a un nuevo nivel de
conciencia, es literalmente encontrado en la literatura de cada época y cultura.
El
Héroe Mitológico.
El gran mitólogo Joseph Campbell, habla del héroe mitológico, que es esa persona que, a través de una extraordinaria resolución, es capaz de trascender las limitaciones normales del ser humano y realiza hazañas y actos que parecen sobre-humanos. Para citar un término de la serie Star Trek: el héroe puede ir a donde ningún hombre ha ido antes. Campbell hace notar que cada aventura mitológica del héroe sigue un sendero muy similar al iniciado en su rito de tránsito. El sendero normal de la aventura mitológica del héroe es una magnificación de la fórmula representada en los ritos de tránsito: separación iniciación- regreso Un héroe se aventura desde el mundo del día común hacia una región de maravilla sobrenatural; se encuentran fuerzas maravillosas y una victoria decisiva se gana. El héroe regresa de esta aventura misteriosa con el poder para otorgar beneficios a sus semejantes.
Cada
uno de nosotros cuando está pasando por una transición, es un héroe potencial, porque
estamos dejando nuestro viejo mundo familiar para aventurarnos dentro de un territorio sin
mapas, sin saber qué destino nos sobrevendrá. Como los antiguos héroes mitológicos,
nos encontraremos a los dragones del miedo y de la auto-duda; nos
comprometeremos a batallas violentas dentro de nuestra alma, y finalmente, si persistimos,
descubriremos el tesoro, el Cáliz Sagrado (Santo Grial), el maravilloso
regalo de libertad y poder que cada transición nos promete si tenemos corazón para
emprender el trayecto. Comencemos.
Robert Brumet