El Proceso de Transición.
Parte 1. Sección b).
La
transición es un proceso. En nuestra cultura altamente mecanizada, de
compostura rápida, generalmente no entendemos o apreciamos la naturaleza del
proceso. Aquellos que vivieron en culturas a tono con la naturaleza, entendieron y
vivieron la vida como un proceso. Los procesos de la naturaleza, -cambio de estaciones,
migración de animales, etc. gobernaban la vida de la gente más primitiva. Ellos
conocían íntimamente el proceso de la naturaleza y la naturaleza del proceso. Su
supervivencia dependía de la habilidad para armonizar su vida con el flujo natural. Su
vida espiritual, -que no estaba separada de su vida diaria- reflejaba su apreciación
profunda de la sabiduría y belleza de los procesos naturales.
En nuestra
cultura occidental moderna estamos menos armonizados con el proceso de la naturaleza de lo
que estamos con el reloj y el calendario. Estamos acostumbrados a planear y programar
nuestra vida de acuerdo a nuestros propios diseños o los diseños de otros, antes que de
acuerdo con los procesos de la naturaleza. Relojes de tiempo, horarios, y fechas gobiernan
el modo que vivimos la vida. Los procesos naturales de nuestro cuerpo, vida y medio
ambiente, son frecuentemente ignorados o pasados por alto a favor de horario y
conveniencia.
Nuestro
mundo mecanizado y el consecuente estilo de vida mecanizado, también influencian el modo
en que estructuramos nuestra auto-imagen y hasta nuestro sentido de la realidad.
Hablamos acerca de ser útiles y productivos, lo cual no es
necesariamente malo, pero frecuentemente equiparamos nuestro valor como personas con
nuestra utilidad y productividad. Esta actitud nos lleva a vernos a nosotros mismos y a
otros como máquinas para ser usadas, más que como seres humanos para ser amados y
respetados. Tendemos a ver la educación como primordial para el propósito de desarrollar
habilidades mercantiles y de productividad económica antes que buscar el auto-desarrollo
o enriquecimiento de la calidad de nuestra vida. El así llamado sueño
americano está basado en gran parte en valores de materialismo y status social,
antes que en paz mental genuina y felicidad. Nuestro modo de vida está basado mayormente
en lo que se podría llamar paradigma mecanizado.
Hace
algunos meses, yo compré un coche. Fue un procedimiento relativamente simple: Vi el carro
que quería, negocié el trato, ofrecí como parte de pago mi viejo auto, firmé los
papeles legales, me subí a mi coche nuevo y me fui. Camino a casa pensé: desearía
que todos los cambios en mi vida fueran tan simples y directos. Pero raramente lo
son, y sin embargo, ¿cuántos de nosotros, yo incluido, hemos tratado de manejar nuestros
cambios de vida de la misma forma mecánica? ¿cuántos de nosotros estamos viviendo con
dolor y confusión porque tratamos de ver todas nuestras transiciones de vida en el marco
de este paradigma mecánico.
Tratar con
el cambio mecánicamente, a menudo resulta en dolor y confusión, porque nuestra inherente
naturaleza humana está intrínsecamente relacionada con el proceso natural. Un proceso es
un cambio o series de cambios que ocurren en un período de tiempo. Un proceso,
usualmente, tiene ciertos elementos predeterminados o frases que generalmente suceden en
orden o secuencia específica. Las fases o elementos deben, cada uno, ocurrir en el tiempo
correcto y en el orden correcto.
Tratar
efectivamente con cualquier proceso, requiere que tengamos la buena voluntad para confiar
en la sabiduría divina impresa en la vida, y en el orden inherente al proceso.
Tratar de forzar con nuestra voluntad personal un proceso, es generalmente,
contraproducente y puede ser muy dañino. Por ejemplo, tratar de forzar que una flor
florezca antes de que esté lista, puede matar la flor. Intentar hacer que un niño camine
o hable prematuramente, puede tener un efecto dañino en la psique del niño. Cada vez que
violamos el proceso natural, lo dañamos, y a menudo también infligimos sufrimiento.
El
paradigma mecanizado generalmente no honra el orden divino dentro del proceso.
Al operar mecánicamente, tratamos de favorecer la funcionalidad, la conveniencia y el
pronóstico, sin confiar en la sabiduría del proceso. Nuestro estilo de vida mecanizado y
consumista ve la mayor parte de las cosas (y algunas veces a las personas), para nuestro
propio uso. Esta actitud ha sido perjudicial, no sólo para nuestro medio ambiente, sino
para nosotros mismos, -cuerpo y alma, ambos,- Tal vez, la presente crisis ecológica está
forzándonos a cambiar esta actitud hacia el medio ambiente y hacia nosotros mismos
también.
La
transición es un proceso. Si lo tratamos mecánicamente podemos fracasar en el
aprendizaje de sus enseñanzas, dejar de ganar la fuerza y sabiduría disponible con la
experiencia y, consecuentemente, podemos hacernos daño a nosotros mismos y a otros.
Entender
la naturaleza del proceso de transición y confiar en el orden y sabiduría divina
inherente en él, nos provee con la oportunidad para usar la transición como un tiempo de
crecimiento y aprendizaje acelerado. Exploraremos esto en la Parte 2.
Robert Brumet