EL
ARTE DE ESCUCHAR
VIVIMOS EN RELACIÓN:
Con nosotros mismos. | |
Con
los demás. | |
Con
Dios-Universo-Vida. |
y todas estas relaciones me parecen sagradas y su objetivo es
unirnos.
Para
estar en relación, hay que comunicarse, y para comunicarse hay que expresar y escuchar,
aunque con frecuencia creemos que comunicarse es solamente hablar
Quiero
tratar de los dos aspectos, pero deseo centrarme más en escuchar, y hacerlo desde el
espíritu de
Hay
una frase divertida de Dody Donelly que resume la dificultad de la comunicación humana:
Yo sé que tú crees que entiendes lo que piensas que yo dije, pero no estoy segura
de que te hayas percatado de lo que tú escuchaste no es lo que yo quise decir
La
realidad es que la comunicación no es sólo con la palabra (ni siquiera es esto lo más
importante). Nos comunicamos también con el cuerpo (postura, mirada, expresión del
rostro, modulación de la voz, etc.). Y sobre todo, nos comunicamos con lo que somos. Por
eso, nuestra meta final es comunicar amor pues es lo que somos.
Cuando dejo que ese amor que soy aflore, lograré tanto comunicarme como recibir la comunicación del otro, y también me comunicaré conmigo. Porque Amar implica no juzgar, aceptar al otro como es y confiar en que dentro de cada uno está la mejor respuesta.
I. CON NOSOTROS
MISMOS:
Es importante que entre en contacto conmigo misma que escuche mis sensaciones, mis sentimientos y mis deseos.
A. MIS SENSACIONES:
percibir mi cuerpo me pone en contacto con la realidad: ¿tengo frío, cansancio, euforia,
hambre? Y dialogar con él me permite tanto mejorar mi salud, como recibir sus mensajes e
información sobre mí.
El cuerpo es mi aliado y eso suele olvidarlo: si estoy muy cansada, darme 15 minutos de descanso me será más útil que forzarme a seguir. Si estoy eufórica, es inútil pretender que me meta en la cama y me duerma.
El primer paso para amarme es percibirme, escucharme
inclusive
este percibir las sensaciones del cuerpo, es una herramienta muy utilizada en Oriente para
un sólido desarrollo espiritual
!!!
B. MIS SENTIMIENTOS: Lamentablemente nuestra cultura nos manda el mensaje de que hay sentimientos buenos y malos, "positivos" y negativos
Es básico aclarar este punto: moralmente los sentimientos son
neutros, sólo las acciones son buenas o malas, constructivas o destructivas.
Aceptar el sentimiento no significa dejarse guiar sólo por él, ni
hacer todo lo que los sentimientos nos dictan, pues yo no soy mis sentimientos, pero al
aprender a observarlos, puedo luego elegir qué hago con ellos. De ahí la importancia de
desarrollar el Yo Testigo.
Por eso primero he de identificarlos, reconocerlos, aceptarlos. Los
sentimientos son vida. Negarlos, es negar la vida, y nos lleva a ser deshonestos y no
auténticos. El sentimiento, aceptado y observado, puede ser uno de los mejores maestros,
que nos enseñará mucho sobre nosotros mismos. Al dejarme sentir, especialmente los
sentimientos violentos o incómodos, la vida que dejo fluir me da energía para aprender,
y entonces puedo hacerme estas preguntas respecto de la situación o persona que me
provocó el sentimiento.
¿Con
qué en mí, hizo contacto para que me altere tanto?
¿A
qué programación o película del pasado estoy respondiendo?
¿Qué
pensamientos son los causantes de este sentimiento?
¿Esos
pensamientos son realmente míos o de alguien más?
¿Qué
necesidad de mi infancia destapan?: - ¿de
ser amada o reconocida?
- ¿de sentirme segura?
- ¿de estar en control?
Al
estar así en contacto conmigo, honestamente puedo decir: yo elijo mis sentimientos.
Porque después de aprender de ellos, y de descubrir que me llevan a la paz o al
conflicto, estoy en condiciones reales de elegir y cambiar lo que me lastime a mí o a
otro.
En
cambio, si no lo reconozco, como el sentimiento tiene que encontrar un cauce, corro el
riesgo de desquitarme con quien nada tiene que ver.
Al
ser honesto, el propio sentimiento observado suele indicarme la pauta a seguir:
Si
acepto mi enojo y entiendo que estoy enojada porque voy a llegar tarde y tengo miedo a la
consecuencia, en lugar de regañar al niño que está jugando y tiene cosas a su
alrededor, me permito aprender: aceptarme tal y como soy, a organizarme de otra manera, a
lidiar mejor con las consecuencias (enojo, censura, etc.), a perdonarme, etc.
Al
principio, sólo era capaz de hacer este proceso cuando ya todo había pasado. Y fue
también aprender a aceptarme así, con ese ritmo y estilo. Ahora con más práctica, ya
muchas veces lo descubro en el momento: me detengo, respiro, me dejo sentir y pospongo en
lo posible la respuesta hasta que me haya clarificado. Otras veces, a medio camino logro
frenarme. Otras
llego hasta el final
Y
en cualquiera de los supuestos, me digo que así está bien, y que lo importante es
aprender.
C. MIS DESEOS: Quizá para
muchos sea sencillo saber qué desean. Para mí no lo fue. Una de mis programaciones más
fuertes, continuamente renovada por mí, ha sido dar gusto a los demás. Eso es algo bueno
y que quiero seguir haciendo, porque me da gozo, pero al hacerlo indiscriminadamente y al
no comunicarme conmigo, llegué a un punto en el que honestamente no sabía lo que
quería, ni siquiera en cosas tan elementales como salir o quedarme en casa, ver una
película u otra, asistir o no a una reunión.
Para mi ha sido un descubrimiento liberador el que mis más profundos
deseos son los indicadores del camino hacia mi propio desarrollo y hacia mi contribución
al bien del mundo, del Cosmos, me atrevo hoy a decir. Y obviamente, para conocer mis
deseos profundos, tuve que empezar por reconocer los de la superficie
y lo más
maravilloso es que pude identificarlos y muchas veces inclusive darme gusto sin que pasara
algo desastroso
!!!
Más aún, al yo seguir mis atracciones profundas de alguna manera se abrió una puerta a que otros también siguieran las suyas.