Perdonar a Papá

Te perdono papá, por no ser como el papá de mi amigo;
por no ser como dicen los libros que deben ser los papás;
por esperar inútilmente de mí lo que yo sé que esperabas;
por soñar con mis triunfos como si fueran a ser tuyos;
por no amarme del modo que yo creía que merecía,
y por darme hermanos que me hicieron compartirte lejos de mí.
 
Te perdono porque todos mis juicios no me permitían amarte
como tú creías que lo merecías... Ahora sé que el
perdón es una gracia que se va recibiendo en el camino del
conocimiento de sí mismo.

Que el perdón no es al "otro" sino a uno mismo.
Sé también que no tengo nada que perdonarte porque he
reconocido mis pasos en la vida y me he perdonado a mi
mismo...
 
Y por eso... Perdóname tú a mí por no haber comprendido
que el papá de mi amigo no era el hijo de mis abuelitos:
que eras tú quien junto a mamá tratabas de construir,
mejorar, y perfeccionar nuestras habitaciones, nuestras
costumbres, y nuestros pensamientos.
 
Perdóname tú a mí por ignorar tu infancia y tus
proyectos y tus sueños que abandonaste paras ocuparte de
mí. Por no darme cuenta de lo que sentías cuando te
resignabas a lo que yo no podía cambiar, cuando aceptabas
mis cambios aunque no coincidían con tus proyectos,  y por
no darme cuenta de que me conocías mejor que yo... y que
siempre me esperabas con la misma paciencia y la misma
ilusión con que me esperaste esos nueve meses que por tu
encargo compartí con mi madre... y mucho meses más para
que yo pudiera decirte todo esto, de corazón a corazón.

 

Si Perdiéramos el Juicio

Si perdiéramos el juicio... Veríamos a nuestro padre como
lo que es en realidad.
Un ser que nos ofrece una gama de conductas exclusivas y de
pensamientos originales, elaborados en el crisol de una vida: nuestra vida.

La escuela de padres es el hijo, ante el cual busca y
ensaya respuestas a su propia identidad, ante el cual mide
y replantea sus propios sueños, ante el cual procura
evitar el reflejo de sus propios fracasos.
 
La responsabilidad del padre va más allá de lo visible:
del alimento, el vestido, y la habitación.  El padre es el
contacto evidente con la vida de la calle, con la vida fuera
del hogar, con el mundo externo en todos sus aspectos; el
mundo intelectual, el mundo político, el mundo social.
 
Los éxitos y fracasos del padre a la luz en los
periódicos y en los comentarios extrafamiliares; no sólo
en la intimidad del hogar.  Nuestra sociedad en el Siglo XX
lo ha catalogado reduciéndolo a sus pocas visibles funciones
en casa y, sobretodo, juzgándolo a través de su relación
de pareja.  Nos ha forzado a colocarlo, en nuestra mente de
hijos, en su comportamiento con nuestra madre; y a adoptar
-o combatir - el juicio que ella haga, en palabras o
actitudes.

! Si perdiéramos "el juicio"! Si no
confrontáramos a nuestro padre con ese modelo inalcanzable
de protección y seguridad que existe en el inconsciente
colectivo -sentimiento universal que persigue el ideal de
una Paternidad cósmica- lo haríamos más feliz, más humano.

Si le permitiéramos, mejor dicho, si le solicitáramos
mostrarnos la ternura de las emociones agradables y la
desazón de las experiencias desagradables, le
devolveríamos ese pedazo de su corazón que ha escondido
ante el mundo.
 
Lo aceptaríamos como es, no como un paradigma, y sobretodo
como un ser "nuestro".  Sabríamos más sobre su
infancia, sus sueños, sus temores, sus identificaciones con
la personalidad de cada uno de nosotros, sus hijos.
 
Aprenderíamos a protegerlo de nuestros juicios absurdos.
No lo catalogaríamos según las páginas del libro de
psicología.
 
Sería para nosotros, exclusivamente, nuestro papá, el
hombre que depositó nuestra semilla en el seno de nuestra
madre.
 
Aprenderíamos a escucharlo con el corazón, para conocerlo
mejor, aceptarlo plenamente y amarlo en la forma
incondicional que él desarrolla para amarnos.
 
Podríamos decirle -hoy y siempre- desde nuestro corazón:
"cada día te conozco mejor, papá.  Cada día aprendo
de tus sentimientos y por eso te abro los míos.   

Gracias, papá, por ser tú".

 

Descubro Que "Soy Fuente de Vida"

Este mes se celebra el día de las madres… y, ¿qué es una madre?: Una fuente de vida. Pero no lo es ella sola; se requiere de un hombre, una mujer y… Dios, la Fuente de Vida con mayúscula ¡Una mágica trinidad!

De manera que ser fuente de vida no es exclusivo de las mujeres que han tenido hijos… Ni siquiera solamente de las mujeres… Es de la esencia del ser humano: provenimos de la Fuente de Vida y estamos llamados a ser fuente de vida. Por lo tanto, para ser fuente de vida (madre) se requiere que cada uno integremos nuestra energía masculina, la energía femenina y la presencia de Dios.

Por eso me parece tan importante darnos cuenta de toda la vida que ya hemos generado y plantearnos qué más vida estamos ahora llamados a dar.

Una forma de hacerme la pregunta puede ser:  ¿de qué o de quién soy fuente-madre? ¿De qué amistades, pensamientos, empresas, poemas, risas, actividades, personas, plantas, ideas he sido o soy “madre”?

Todo lo que de alguna forma genere vida, propicie la vida, refuerce la vida, habla de nuestra función maternal. 

Y otro aspecto que para mí últimamente ha adquirido particular relevancia esdescubrir que en mí está la fuente de aquello que más necesito.

Esto no es desde luego idea nueva; la he oído antes muchas veces con distintas formulaciones pero hoy me resuena y contacta conmigo a profundidad.

¿Necesito ser escuchado? … Voy a escuchar y escucharme.

¿Necesito ser abrazado?... Voy a abrazar y abrazarme.

¿Necesito ser tomado en cuenta?...  Voy a tomar en cuenta a otros y a tomarme en cuenta a mí.

Eso es algo que he experimentado y doy fe de que funciona. Porque la maravilla es que de entrada, disuelve esa sensación de impotencia y de sentirse víctima que es tan dolorosa y que crea un fardotan pesado.

Cuando creo que mi bienestar depende de otra persona o situación, de algo en el exterior, me siento desvalido.

Por supuesto que nos necesitamos unos a otros, pero también necesitamos recordar que dentro de nosotros fluye un manantial de vida.

Esa es la buena noticia: puedo hacer lo que sí está en mis manos.

Al ser yo la fuente, como lo que doy es lo que recibo, me voy enriqueciendo, y al ponerlo en práctica se me hace realidad el que somos uno, olas del mismo mar, esencia de amor todos, y es por eso que lo que doy a otro me lo doy a mí…

Sin ponerle nombre empecé a experimentar esta realidad en situaciones muy concretas:

Por ejemplo: un día al estar con una amiga noté que no se interesaba por mí, que me interrumpía, me decía “lo que debes de hacer es …” (palabras que por cierto desatan mi furia interna)… Al darme cuenta de mi molestia tomé la determinación de eso no hacerlo yo. Entonces, sin que ella lo supiera, la convertí en mi maestra, y me conecté en mi interior con una fuente inagotable de aprendizaje.

A continuación decidí interesarme en ella, no interrumpirla, erradicar de mi vocabulario las palabras “lo que deberías hacer es…”

Cuando empecé a experimentar la satisfacción de actuar así, se me hizo evidente que la respuesta está en ser yo la fuente de lo que deseo. Entonces no hay límites al gozo y al aprendizaje.

Porque al yo dar lo que sea, me doy cuenta de que ya lo tengo.

¿Quiero alegría? Doy alegría a quien esté conmigo y descubro que… ¡Tengo alegría!

Así que ahora mi reto es aplicarlo a todas las áreas de mi vida…

Y entonces cobra un sentido pleno la oración de San Francisco: “no pido ser consolado sino consolar…” De hecho yo sé que al consolar a alguien, con muchísima frecuencia le digo lo que yo necesito oír… y al darme cuenta, basta con que me abra a recibirlo…

Y entonces me queda claro por qué la Madre Teresa adaptó esa oración diciendo: “Cuando tenga hambre, dame Señoralguien a quien alimentar…”

Esto me lleva por lo tanto a recordar que si lo que quiero es tener vida plena, he de convertirme en una fuente de vida…

Eso sí: no puedo esperar nada a cambio. No puedo hacerlo “para que yo reciba”, pues eso destruye todo.

Tengo que hacerlo generosa y espontáneamente, simplemente sabiendo que así sucede. Y ésto es algo que sólo lo veremos cuando lo creamos.

Sólo viviéndolo, como estoy segura de que ya lo han vivido en muchas ocasiones, sabemos que es cierto.

Así que les reitero la invitación a ser la fuente de su vida siendo fuente de vida para el mundo.

Sólo tengo que reclamar la riqueza de mi energía femenina, masculina, y divina… y vivir en consonancia.

Sólo tengo que reconocerme como fuente de vida. Hacerlo ha sido regalo para mí. Ojalá lo sea también para ustedes.

 

Maruja Cándano.

PINOCHO Simbología del cuento

El cuento de Pinocho es la historia del alma humana en su viaje de evolución espiritual.

Pinocho es creado bajo la influencia de dos personajes, uno masculino y otro femenino. (que simbolizan los dos aspectos de Dios).

Es tallado por el carpintero Geppetto, y el Hada Azul le da vida.

Al mismo tiempo, el Hada elige a un grillo llamado Pepe Grillo y le encomienda una misión: permanecer junto a Pinocho y ser su conciencia

(Esto significa que Dios pone junto a cada alma la conciencia de la verdad, que la acompaña siempre dentro de si misma).

El mayor deseo de Geppetto es que Pinocho llegue a ser un niño de verdad. Y sabe que su deseo sólo puede hacerse realidad si Pinocho aprende y crece, por lo que lo envía a la escuela.

(Nuestro desenvolvimiento es un proceso de aprendizaje permanente).

Pinocho sale por la puerta principal conducido por su padre, y lo hace cargado de propósitos, con el anhelo profundo de convertirse en algo superior: en un niño de verdad.

Pero cuando sale al mundo surgen los problemas. Haciendo uso de su libertad recién descubierta, Pinocho toma algunas decisiones equivocadas, y sucumbe ante la tentación del orgullo.

A pesar de las protestas de Pepe Grillo, sigue a Juan el Honrado y se une a una compañía de circo

(La característica fundamental del alma es el libre albedrío que podamos en cada momento elegir).

En su representación teatral Pinocho recibe grandes aplausos, y está muy contento, pero después de la actuación lo encierran en una jaula

(El dejarnos llevar por el orgullo, por el "yo", puede darnos placer, pero a la larga siempre produce dolor, porque esclaviza el alma).

El Hada Azul acude junto a él, preguntándole la causa de su encierro, y Pinocho intenta justificarse ante ella diciendo mentiras; pero con cada mentira que dice le crece la nariz. Entonces Pinocho descubre que el mal no puede ocultarse, y reconoce sus errores con honestidad, arrepintiéndose de ellos

(lo mismo ocurre con nosotros; mientras nos auto justificamos y no reconocemos nuestros errores ante Dios y ante nosotros mismos, no podemos aprender).

El Hada entonces le libera y recibe otra oportunidad.

Pepe Grillo está decidido ayudar a Pinocho a no salirse del buen camino, pero tardan poco en presentarse nuevas tentaciones. Vuelve aparecer Juan el Honrado, que le invita a la Isla del Placer, un lugar donde los niños pueden divertirse todo el día y satisfacer todos sus deseos. Pinocho no puede resistir la atracción de viajar a la Isla y se une al grupo

(Nuestra gran tentación es no tener que esforzarnos, recibirlo todo a cambio de nada).

Y ocurre que cuando Pinocho y los demás niños llevan en la Isla demasiado tiempo, empiezan a convertirse en burros y a olvidarse incluso de hablar .

(Lo mismo pasa con el alma humana, cuando se embrutece por la indiferencia y la satisfacción permanente del deseo: se olvida de quién es y de cuál es su misión).

Pero Pinocho se da cuenta a tiempo. Cuando descubre que les están saliendo orejas y rabo de burro, se dirige a Pepe Grillo para pedirle ayuda.

Esto le salva, porque Pepe Grillo sabe cómo puede escapar de la Isla.

En cuanto están libres empiezan a buscar a Geppetto. Pero vuelven a su casa y descubren que ha desaparecido; ha ido a buscar a Pinocho

(Esta imagen tiene una importancia fundamental, pues no da a entender que no sólo buscamos nosotros a Dios, sino que Dios nos busca a nosotros).

Pinocho recibe indicaciones sobre el paradero de su padre. Podrá encontrarlo en el fondo del mar, en el vientre de una gran ballena que se tragó la barca de Geppetto

(El animal marino es un antiguo símbolo de la reconciliación del espíritu y la materia. El mar es un símbolo del inconsciente. Así, el cuento nos dice que encontraremos nuestra inspiración espiritual, nuestra verdadera naturaleza, en nuestro propio yo inconsciente, en el fondo de nosotros mismos).

Cuando Pinocho y Pepe Grillo buscan a Geppetto en el mar, los traga la misma ballena. En el vientre de ésta tiene lugar una alegre reunión de Pinocho con su padre, pero pronto se dan cuenta que deben escaparse para seguir juntos a la luz del día y en tierra firme.

(Dicho de otro modo, nuestro viaje espiritual no termina cuando empezamos a reencontrarnos con nuestras profundidades espirituales en nuestros sueños, en nuestras oraciones, o en nuestras meditaciones. El paso siguiente es llevar este estado superior de la conciencia a la vida diaria, y eso suele ser lo más difícil).

En el cuento, Pinocho tiene un plan. Se le ocurre un modo de escapar, que requiere mucha fuerza y valor, y lo consigue. Pero cuando están en medio del mar, Geppetto parece que se va ahogar y Pinocho se sacrifica para salvarle

(Y esta es precisamente la clave, lo que le va hacer merecedor de ser un niño de verdad; el amor desinteresado. Cuando la necesidad del otro es más importante que la mía, cuando "yo" dejo de ser yo y el centro de mi vida, se abre la puerta que deja paso al milagro).

Al volver Geppetto en sí en la playa, se encuentra a su lado el cuerpo sin vida de su hijo.

 Muy afectado, se lo lleva a casa y lo deposita en la cama. Pero la acción de amor del niño, dando su vida por su padre, le ha hecho merecedor de ser un niño de verdad.

Este resucita y se cumple así su destino; ser un niño verdadero.

Este cuento es el símbolo de nuestro propio viaje de desenvolvimiento espiritual.

El significado de la vida es que seguimos el proceso de reconocer nuestra verdadera naturaleza en Dios. Conscientes y cocreadores.

Toda la clave para ello es el amor, la ofrenda desinteresada, que significa a su vez la renuncia al "yo" personal y egoísta. El propósito de la vida que compartimos todos los hombres es manifestar en lo finito lo infinito, llevar lo divino a lo humano, dar expresión individual a nuestras cualidades espirituales.

 

MIRIAM T

 

Características de un Maestro

  • CONGRUENCIA
  • EXIGENCIA
  • PREPARACIÓN
  • AL DÍA
  • CALIDÉZ
  • AMOR
  • VERACIDAD
  • ETICA
  • JUSTO
  • BONDAD
  • FIRMEZA EN LA FE
  • AMISTAD
  • DISPONIBLE
  • EQUILIBRIO
  • PONERSE EN SUS ZAPATOS
  • TOLERANTE
  • ACEPTANTE
  • SENTIDO DE MISIÓN
  • GENEROSO
  • QUE PERDONA
  • COMPRENSIVO
  • RESPETUOSO
  • VALIENTE
  • POSITIVO
  • SENCILLEZ
  • ENTREGA
  • VOCACIÓN
  • INTELIGENCIA
  • ALEGRÍA
  • LUCHADOR
  • AFRONTA LOS RETOS
  • TRANQUILIDAD
  • HUMILDAD
  • CONFIANZA EN DIOS
  • APERTURA
  • CONFIANZA
  • CERCANÍA
  • RECTITUD
  • HUMOR
  • EMPRENDEDOR
  • MENTE ABIERTA
  • INCLUYENTE
  • NO HABLA MAL DE NADIE
  • METAS
  • OYENTE
  • PACIENTE
  • CLARIDAD
  • PROPOSITIVO
  • FLEXIBLE