Estar Vivo

Maruja Cándano
C E C U R A 

Una noche que me sentía angustiado, con pensamientos de miedo y de muerte paradójicamente me brotó una reflexión de vida…

Pensé: es un hecho innegable que hoy estoy vivo y es un hecho innegable que un día voy a morir. 

Ahora bien: 

1. Cuando muera me tardaré un minuto, o unas horas, o unos pocos días. 

2. En cambio, mientras tanto, viviré muchas horas, muchos días, muchos meses y quizá,  muchos años. Así es que tengo más tiempo para vivir que para morir. Por lo tanto, me tengo que dedicar a vivir en vez de morir a cada momento o, lo que es peor, a estar permanentemente muerto. Tengo que perder el miedo de morir para aprender a vivir. 

Una vez me dijo mi hija de 14 años hablando de un amigo suyo: "Papá: él tenía tanto miedo de morir que no tuvo tiempo de vivir". 

A partir de entonces decidí dejar de ser un muerto en vida. 

Para mí lo elemental es creer, creer en algo. Si no creo en algo, si no tengo fé en algo, mi vida no tiene sentido y estoy muerto en vida.  Más aún , si no creo en mí, si no tengo fé en mí, tampoco puedo creer ni tener fé  en alguien más. 

Ya lo dijo un gran pensador: “La adicción más grande del hombre no es al alcohol, ni a las drogas;    es la adicción emocional a dudar de sí mismo." 

Yo tengo mi fé puesta en Jesús y por eso creo en el Evangelio (Buena Noticia, Anuncio de Felicidad).  El Evangelio es mi fuente directa de reflexión, y estoy de acuerdo con el autor de la Carta a los Hebreos cuando dice: 

Hermanos, la fé es la forma de poseer ya desde ahora lo que se espera, y de conocer las realidades que no se ven. (Hebreos, 11. 1-2. 8-9). 

Yo creo en Jesús, y  Él se comprometió con el pobre, el marginado, el enfermo, el desvalido, el explotado, el engañado...Y en los años que yo  he vivido compartiendo mi proceso, cerca de los pobres, enfermos, marginados, etc..., he aprendido de ellos; ellos también  han sido mis maestros de amor, paciencia, aceptación, alegría, felicidad... En otras palabras de Fé, Esperanza y Amor. Aunque parece que no tienen nada, lo tienen todo, porque están muy cerca de Dios. 

Con ellos he aprendido que EL CAMINO DEL  AMOR es más lento pero más genial y más creativo que el camino de la imposición y de la autoridad, que es aparentemente más rápido pero es menos eficaz. 

Por eso para mi relación conmigo y con los demás, escojo el camino del Amor: el de ser acompañante, no paternalista ni  capataz, y estoy pendiente  de no caer en la confusión. 

Muchos enfermos me han enseñado que su enfermedad ha sido una bendición. Muchos, incluido yo, descubrimos en la enfermedad y en las pérdidas que hemos tenido, la presencia de Dios como Padre, como Amor, y una gran oportunidad para hacer un cambio en nuestras vidas. 

Y esto no sólo es cierto en cuanto a la enfermedad, sino también es aplicable a cualquier situación indeseable como puede ser, entre otras, un divorcio, la pérdida de un ser querido, la pérdida de un bien, fortuna, capital, trabajo, etc...  Si en todo ésto descubro a Dios como Padre, como tuve la bendición de hacerlo, entonces encontraré la oportunidad de cambiar mi vida, de pasar de ser un “MUERTO EN VIDA” a un "VIVO EN VIDA" que un día pasará a otra manera de VIVIR en el Padre. 

Estos hechos (enfermedad, pérdidas, etc...) para mi son "DETONADORES" de procesos de crecimiento y maduración. Así lo viví yo y así lo vivo, y por eso así lo creo y así veo que lo viven muchas personas. 

Estos detonadores me ayudan a "cambiar mi calidad de vida". Cambiar mi calidad de vida es cambiar las actitudes que me lastiman, es nacer de nuevo, es ser dueño de mi vida y autor de mi proceso. Es dejar de ser víctima del mundo que me rodea. Dejar de necesitar que todo y todos cambien para poder ser feliz… Dejar de creer que sólo si se terminan mis problemas puedo ser feliz…  Es ver en cada circunstancia o momento de la vida una oportunidad, un maestro para aprender, para amar, para dar y recibir sin esperar nada a cambio, para elegir vivir en paz conmigo mismo, con los demás seres que me rodean y con la Creación, con el Universo. 

Me dí cuenta de que mi Padre Dios no está a mi servicio para evitar que tenga problemas o para resolverlos,  sino  que yo formo  una  unidad  con Él y con Jesús (La vid y los sarmientos) y como una unidad vivimos juntos el proceso en el Amor, la Fe, la Esperanza y el Milagro de lograr la paz y lo mejor para todos. 

A partir de observar mi enfermedad, mis pérdidas, mi proceso de soltar cosas, amarras y anclas, descubrí que estoy realmente vivo: 

1. Cuando me percibo como un SER INTEGRAL y me digo: Yo no soy un enfermo. Las personas no son enfermos, moribundos, divorciados, discapacitados, desempleados, dolientes. Yo era, y ellos son, más que eso. Una parte de mí y de ellos está enferma. Una parte de mí y de ellos  está  “dejando  de ser”.  Una  parte de mí y de ellos está separada de otra. Una parte tiene dolor o ha perdido la salud, o tiene una limitación... o está teniendo que soltar algo o que aceptar algo, o que aprender, madurar, crecer, en algo… Pero nuestro YO, nuestro SER, es más grande que eso. 

Cada uno podemos con verdad decir: Soy más que un cuerpo, soy más que una enfermedad, más que un problema… soy más que un profesionista o empleado, o padre, esposo, etc. Soy un ser único, irrepetible, insustituible. Lo que yo no haga mientras viva, nadie lo va a hacer por mí, ni nadie puede ser Gerardo por mí. Nadie puede usar mis dones más que yo; nadie puede amar, ni aprender por mí, ni descubrir a ese Dios como Padre por mí, ni fundirse en una unidad con Él, con mis hermanos y con la Creación o el Universo si no lo hago yo. 

2. Cuando me percibo como un SER EN PROCESO, que ante un hecho o circunstancia de la vida, ante un detonador, me doy cuenta de que los obstáculos no me impiden ser alguien viviente, participante, capaz de amar y ser amado, un ser de luz. Que puedo dar y recibir, estar en paz, vivir plenamente mis sentimientos, aprender y enseñar al compartir mis experiencias. En fin, que soy una unidad conmigo mismo, con los demás, con el Universo y con Dios. 

3. Cuando ACTÚO DE MANERA CREATIVA, ENRIQUECEDORA Y COMPASIVA, porque entonces puedo vivir en un equilibrio delicado y creativo entre transformación y rutina, entre lo sagrado y lo corriente.  Entonces descubro el valor de honrar a cada persona, animal, planta u objeto como si fuera único y también como si fuera una parte de mí, pensando que comparte toda la dignidad y la sacralidad que para mí mismo reclamo. Como dice Dostoyevsky en “Los hermanos Karamazov” : 

“Ama a la Creación de Dios, ama cada átomo de ella por separado y ámala como un todo; ama cada hoja verde, cada rayo de luz de Dios, ama a los animales y a las plantas y ama a todo objeto inanimado. Si llegas a amar todas las cosas, percibirás el misterio de Dios que es inherente a todo. Una vez que lo hayas percibido, lo entenderás mejor y mejor cada día y finalmente amarás al mundo con un amor total y universal”. 

Y yo agrego que, si amas así, te amarás a ti mismo por ser la obra máxima de Dios, y así amarás a los demás, porque descubrirás que la esencia de tu ser y del suyo, es el AMOR, y el amor no tiene límites. Es eterno y vence al miedo. 

4. ESTOY VIVO cuando cuido mi matrimonio, cuando cumplo con mis obligaciones de ser padre y abuelo, amigo, profesionista, católico, budista etc. Vivo cuando hago bien mi trabajo, cuando mejoro lo que hago, cuando me hago preguntas sobre mí mismo que me hacen crecer. Vivo en el diario y compartido esfuerzo que todos nosotros hacemos por actuar con integridad, por crecer con ánimo y por participar voluntariamente en una vida que permite la expresión de sueños y capacidad propias y ajenas. Vivo cuando tengo capacidad de asombro y entusiasmo, que surge de lo inesperado de mi vida, que  hace  que  saque  a la luz algo nuevo que aliente la maduración de aquello que ya existe. Vivo cuando incluyo y no excluyo a los pobres, a los desposeídos, a los marginados, a los enfermos, a lo femenino, a lo ecológico, a todo lo que creo que es doloroso, reprimido y no integrado y a los que no piensan como yo. 

5. Vivo cuando FLUYO CON LAS LEYES DEL UNIVERSO: aceptando la diversidad en mí y en los demás, aportando mis dones únicos y estando en comunión con todo lo que existe. 

6. Y estoy vivo cuando realmente ESTOY EN ELPRESENTE, que es el único momento que existe. 

Por todo lo anterior yo no llamo a mis hermanos "enfermos de cáncer", "enfermos de sida", "enfermos del corazón", etc. Yo los llamo por su nombre, porque ellos, al igual que yo, somos discípulos y maestros. Somos seres humanos viviendo un proceso. En ruta, caminando, aprendiendo y enseñando... Viviendo a partir de un detonador, de un hecho, de una circunstancia… En proceso de renacer a cada momento... 

Este detonador afecta una parte de nuestras vidas, de nuestros cuerpos, pero no afecta la totalidad de nuestro ser, de nuestro YO. Somos algo más que eso, una parte de nuestros cuerpos tiene una disfunción, no nuestro YO, no la totalidad de nuestro ser. Una parte de nosotros, pequeña, grande, tiene un problema, pero no todo mi ser, no todo mi YO. Ese detonante es mi oportunidad o de aprender y renacer, o de morir y destruirme. 

Hay un principio de curación de actitudes que dice: “Elijo enfocarme en la totalidad de la vida, y no en los fragmentos”  Por eso, si yo veo esa enfermedad, ese detonador, como una totalidad, y creo que todo mi ser, todo mi YO, todo mi cuerpo está enfermo, entonces la veo como mayor a mi ser. Si yo tomo este detonador como un castigo, como una mala suerte, como mi destino, ya estoy vencido, y este detonador se convierte en el dueño de mi vida, de mi ser y, por lo tanto no voy a aprender nada, no voy a crecer ni a madurar, y no voy a vivir: desde ese momento estoy muerto en vida. 

Si yo no aprendo de mi enfermedad, divorcio, accidente, muerte de un ser querido, de lo que tengo que soltar, dejar, perdonar o perdonarme, del "DETONADOR", estoy muerto en vida.      

Pero si yo aprendo a ver ese detonador como una oportunidad de aprender, de crecer, de cambiar, de compartir, de vivir, convivir, me convierto en dueño de mi vida, de mi proceso, de mi oportunidad y de mi crecimiento. Entonces puedo afirmar que estoy vivo. 

Todo lo anterior no quiere decir que durante mi proceso de enfermedad no haya vivido momentos y sentimientos de negación, enojo, negociación y aceptación o resignación, ya fuera en forma alterna, continua o simultánea, pues los hubo y muchos. 

También mi oración pasó por esas fases: hubo súplicas, enojo, regateo, interpelación... pues después de todo, mi oración es un diálogo con mi Padre. Y este vivir mis sentimientos en la oración, fue lo que me hizo entrar en contacto profundo con ellos y me fue ayudando a vivir mi proceso como un proceso de aprendizaje, de unión con Dios como padre, de comprensión hacia mí y hacia los demás y de unión con la creación. 

Un día de hace muchos años ELEGÍ ESTAR  VIVO y sin embargo  necesito recordármelo continuamente, como ahora lo estoy haciendo al compartirlo contigo. Y hoy te invito a que lo consideres si tú, como yo, en algún momento te has sentido  muerto en vida...