Transiciones: Parte 9. Final, Encontrando seguridad en medio del cambio

Todo lo que vemos y

tocamos, algún día se

desmoronará en polvo.

Y sin embargo, una voz

interna nos dice que debe

haber algo que no cambia.

¿Existe?. Y si es así,

¿cómo lo encontramos?.

 

ENCONTRANDO SEGURIDAD EN MEDIO DEL CAMBIO.

Por Robert Brumet.

 

En La Búsqueda De Lo Que No Cambia.

 

¿Es posible encontrar algo permanente en un mundo que está cambiando continuamente? La necesidad de seguridad y estabilidad es un impulso humano fundamental. Por esta necesidad de seguridad, podemos intentar apegarnos a la gente, posesiones, roles y títulos, pero en lo profundo, la mayoría de nosotros sabemos que buscar seguridad en un mundo externo, es como construir un castillo de arena antes de la marea que viene. Simplemente intentamos comprar tiempo para evitar lo inevitable.

 

En  nuestro estudio del proceso de transición hemos encontrado varias paradojas, tales como “un final es un comienzo”, o “para encontrarnos a nosotros mismos, debemos perdernos a nosotros mismos”. En esta parte, descubrimos aún otra paradoja: Rindiéndonos completamente al proceso del cambio, descubrimos eso que nunca cambia. Rindiéndonos completamente, somos bendecidos por una Realidad sin cambios que subyace al mundo fenomenal y que está más allá.

 

Las Condiciones Del “Rendimiento” o “Abandono”.

 

Vamos a explorar esta idea. Al rendirnos completamente al proceso del cambio, nos estamos refiriendo a una actitud de rendimiento al flujo natural de vida. Esta actitud de rendirse se conoce también por otros nombres, tales como, “no resistencia”, “aceptación”, “desapego”. Esta actitud, o como se le quiera llamar, se refiere a la manera en que enfrentamos, momento a momento, las experiencias de nuestra vida.

 

Rendirnos completamente es estar abierto, de un modo profundo, a cada experiencia de nuestra vida. Quiere decir, que nos permitimos a nosotros mismos sentir completamente cada respuesta a los eventos y circunstancias de nuestra vida. Quiere decir, estar totalmente en uno mismo, vivir plenamente en cada momento. Dar el “Sí” al momento tal cual es, sin resistirse. Esto requiere dejar ir nuestro apego a cómo pensamos que deberíamos ser e incondicionalmente estar aceptándonos tal como somos en este momento. Requiere buena voluntad para mirar a cada parte de nosotros mismos y cómo brota cada momento: sin negar nada, sin condenar nada.

 

Rendirse, en la forma en que usamos el término aquí, es una experiencia interna. Estar “rendido” de esta manera, no quiere decir volverse “débil o sumiso” ni ponerse de tapete. Podemos decir y hacer lo que es necesario para protegernos y hacernos valer a nosotros mismos en el mundo. Igualmente, aceptar cada parte de nosotros mismos, no quiere decir que realicemos cada pensamiento, sentimiento y deseo. Podemos portarnos de modo sano y responsable y aún estar completamente rendidos internamente. Hacemos lo que necesitamos hacer en el mundo de una manera apropiada para nuestro bienestar y el de otros, y permitimos completamente a cada experiencia interna que ocurra sin interferencia, simplemente observando cada pensamiento, sentimiento, deseo, memoria y sensación física, y… dejándolos ir.

 

Es interesante ver que cuando nos rendimos completamente de esta forma, empezamos a comportarnos de maneras que son benéficas para nosotros y otros. Cuando suprimimos y condenamos partes de nosotros mismos, es cuando estas partes suprimidas actúan inconscientemente en forma destructiva. Al estar deseando experimentar todos los aspectos del ser, estamos ganando más conciencia en todas las áreas de nuestra vida.

 

Estar rendido significa que no tratemos de controlar y orquestar el flujo de nuestra vida; dejamos que la vida se revele. Ciertamente pedimos lo que queremos; exponemos nuestra opinión cuando es apropiado; y actuamos cuando necesitemos actuar, pero no estamos apegados a los resultados. Nos volvemos menos aprensivos con el contenido externo de nuestra vida y más interesados por cómo estamos viviendo nuestra vida cada momento. Empezamos a ver que la verdadera calidad de nuestra vida no depende de circunstancias externas.

 

Vamos a hablar sobre lo que la experiencia de rendirse no es. No es “darse por vencido” o renunciar”. No es resignación o desesperación. Rendirse es un consciente “darnos” a nosotros mismos a algo más grande. Para usar una analogía, se puede decir que un canotista experto debe “rendirse” al río; igualmente que el marino de un velero ha aprendido a “rendirse” al viento. Rendirse no es abdicar la responsabilidad por el modo en que vivimos nuestra vida. Es vivir responsablemente y diestramente permitiendo que una realidad mayor dirija el curso de nuestra vida.

 

Las Formas De Resistencia.

 

Para explorar esta idea más profundamente, vamos a mirar el opuesto a la rendición: resistencia. Resistencia es rehusar aceptar nuestra experiencia del momento presente. La resistencia se manifiesta en el cuerpo como tensión y rigidez. Y se manifiesta en la mente en una variedad de formas, tales como juicios, enojo y miedo. También puede aparecer en formas más sutiles, tales como la racionalización, confusión, o negación. Algunos tipos de resistencia están en el núcleo de todos los comportamientos compulsivos y adictivos.

 

A un nivel más profundo, vemos que el apego a una identidad anticuada, o auto-imagen, puede ser un modo de resistir al flujo natural de vida. Nuestra auto-imagen es principalmente el producto de nuestro condicionamiento. Desde el momento de nuestro nacimiento, (si no antes) estábamos sujetos a las motivaciones y expectaciones de nuestra familia y cultura. Ellos nos dijeron (con frecuencia no verbalmente), quiénes éramos… y en ese tiempo no teníamos otra elección que creerles. Pero si seguimos apegándonos a esta “programación” del pasado, podríamos estar resistiéndonos a la plenitud de vida que busca expresarse a través de nosotros ahora. La mayor parte de nuestra resistencia es inconsciente. Simplemente desear rendirse uno mismo rara vez es suficiente para vencer esta resistencia más profunda. Es necesario estar consciente de cada experiencia momento a momento, para que las resistencias sutiles puedan ser vistas y liberadas conscientemente. La práctica de la conciencia consciente del observador interno o “yo testigo” combinada con una actitud de aceptación y de “no juicio”, disolverá realmente toda resistencia en la conciencia.

 

Nuestra respuesta condicionada a casi toda experiencia desagradable es “restringir y rechazar”. Se necesita visión y perseverancia para reeducarse a uno mismo a “abrirse y permitir” que ocurra cada experiencia como naturalmente sucede.

 

Cuando conscientemente nos observamos a nosotros mismos, nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y comportamientos, empezamos a ver los lugares más profundos dentro de nosotros mismos donde estemos reteniendo, rehusando dejar ir, rehusando rendirse. La observación continua nos muestra que esta retención es la causa de mucho sufrimiento. La resistencia a cualquier experiencia dolorosa causará al final más sufrimiento que el dolor original en sí. Con esta visión, comenzamos a dejar ir, a rendirnos a niveles mucho más profundos.

 

La Aceptación es Mágica.

 

Steven Levine, un maestro de meditación escribe: “Si estás tratando de ser alguien haciendo algo, controlando el flujo, entonces cuando eso que viene es incontrolable, tu resistencia se vuelve mayor y tu sufrimiento más intenso. Cuando dejas ir el control, verás que… “la aceptación es mágica”.

 

De hecho, descubrimos que “la aceptación es mágica” rindiéndonos al flujo de la vida, al plan divino. entonces finalmente encontramos una nueva sensación de poder. Experimentamos la danza de la vida revelándose, con menos apego avaro… y menos sufrimiento. Gradualmente, empezamos a ver que no estamos viviendo nuestra vida, sino que la vida esta siendo vivida a través de nosotros. Entonces, la vida toma un flujo, un ritmo, una sincronización. Con poco esfuerzo, mucho se logra. Algunos lo describirían como “viviendo en el Tao”; porque en el Tao Te Ching está escrito:

 

El Tao del cielo no lucha, y sin embargo prevalece.

Este no habla, y sin embargo es respondido.

No pide, y sin embargo abastece todas sus necesidades.

Está en tranquilidad, y sin embargo sigue un plan.

 

En India, una vez vivió un hombre que encarnó la esencia de este principio: su nombre fue Mahatma Gandhi. El liberó a su pueblo de dos siglos de reglamentación extranjera sin disparar un solo tiro. Tal vez aún más grande que su logro político, fue el legado espiritual a toda la especie humana. El demostró el increíble poder que trabaja a través de uno que ha rendido su vida al plan divino.

 

Al principio que empleó, le dio el término de “satyagraha”. Se deriva de las palabras Sánscritas “Satya”” que significa “verdad”. (literalmente: “Eso que es”) y “Graha”, que significa “sosteniendo firmemente”. Ghandhi lo llamó “fuerza del alma”. La verdad en si misma, es una fuerza real y muy poderosa cuando uno se acoge a ella sin transigir. Sin embargo, este acogimiento no debe ser una actividad del ser personal. El deseo del ego bloquea la liberación de la fuerza del alma: quitar el deseo del ego, la libera. Uno debe rendirse completamente al poder de la verdad.

 

Gandhi habla: “Hay un tiempo en que el individuo se vuelve irresistible y su acción impregna todos sus efectos. Esto viene cuando él se reduce a sí mismo a Cero”.

 

Inherente a este proceso de aceptación siempre profundizante, hay una verdad profunda en la sabiduría y bondad innata del proceso natural de la evolución, el plan divino, el Tao. La amplitud y la profundidad de esta sabiduría y bondad natural no puede ser comprendida por la mente humana; sólo puede ser entendida a través de la experiencia. Steven Levine, al hacer eco de las ideas de Gandhi, dice: “Cuando dejas ir el control del Universo, cuando dejas ir todo, sólo la verdad queda”.

 

Lecciones de Danza en la Danza Cósmica.

 

Y así, nosotros encontramos que la verdadera fuerza que sacudió nuestro mundo y causó que se colapsara alrededor de nosotros, -la fuerza que al principio resistimos, y después gradualmente aceptamos, y que ahora nos alineamos con ella; es la verdadera fuerza que nos trae a casa, a nuestro verdadero ser. Se nos recuerda del hombre que dijo, “Yo rogué a Dios cuando los cimientos de mi vida habían sido sacudidos… sólo para encontrar que era Dios, Quien los estaba sacudiendo”.

 

Así es que empezamos con las “sacudidas”, y ya no resistimos más la fuerza que desmorona la estructura de nuestra vida. Lo que una vez llamamos tragedia, ahora lo vemos como una oportunidad para mayor libertad, sabiduría, y poder, no para tenerle miedo, sino para darle la bienvenida.

 

Empezamos a ver todo en nuestra vida y en el Universo como parte de una gran danza cósmica: la danza de la Vida evolucionando, revelándose, expresándose a Si Misma a través de nosotros y alrededor de nosotros. Gradualmente, nuestra percepción cambia. Lo que una vez parecía ser real y sólido, ya no parece ser de ese modo. Tiempo y espacio se vuelven elásticos. El mundo de la forma se vuelve transparente... Un místico hindú nos diría que hemos conocido a Shiva, el danzante cósmico, el Díos de la creación y destrucción, que mantiene, a través de su danza, el ritmo infinito del Universo. Como T. S. Eliot lo puso en su poema “Cuatro Cuartetos”:

 

En el punto quieto del mundo rotante. Ni carne, ni

desencarnado.

Ni desde, ni hacia. En el punto quieto, ahí la

danza está,

Pero ni detención, ni movimiento. Y no se le llama

fijación,

Donde el pasado y el futuro se encuentran.

Ni movimiento desde, ni hacia

Ni ascender, ni descender.

Excepto por el punto, el punto quieto,

No habría danza, y la danza solamente está.

 

Y en la danza está el punto quieto: “donde el pasado y el futuro se encuentran”. En el punto quieto, la eternidad existe en cada momento que pasa; el infinito existe en cada átomo que danza; el no-cambio existe en el corazón del cambio mismo. “Excepto por el punto, el punto quieto, no habría ninguna danza, y la danza solamente está”.

 

Nosotros somos ambos, el danzante y la danza, el buscador y el buscado, el conocedor y el conocido. Lo que hemos estado buscando, es eso que está mirando. Hemos venido a casa de nuestro ser.

 

Pero este no es el final… esto es solamente el comienzo –porque la danza continúa.

 

Robert Brumet es un ministro de Unity y un instructor en estudios Religiosos en la Escuela de Unity. Antes de sus enseñanzas en la escuela, estuvo al servicio de los centros de Unity en Indiana y Kansas. También conduce seminarios y retiros en Centros de toda Norteamérica. Tiene grados de Licenciatura y Maestría de la Universidad de Toledo U. S. A.