Oración Centrante

La oración centrante es una forma de meditación cristiana cuyo creador, el monje trapense Thomas Keating, considera una “terapia divina”.

Tiene dos aspectos:

1.  Psicológico

2.  Contemplativo

1.- Aspecto Psicológico.- El ser humano, desde que nace, tiene tres NECESIDADES BÁSICAS, que por diversas razones nunca son satisfechas al 100% por sus padres y su entorno, de manera que se generan tres “centros de interés”, tres polos de atracción (yo los veo como los agujeros negros del espacio), y cada uno atrae hacia sí todas las experiencias similares que vamos teniendo en nuestras vidas. Esas necesidades son:

1.  NECESIDAD DE SEGURIDAD MATERIAL

2.  NECESIDADDEAMOR,  ACEPTACIÓN Y RECONOCIMIENTO

3.  NECESIDAD DE PODER Y CONTROL

         Como de bebés era intolerable SENTIR el dolor de no tenerlas satisfechas y no teníamos mecanismos para procesarlas, preferimos NO SENTIR, taparlas, sepultarlas, con tal de no experimentar la “casi muerte” de no sentirnos seguros, amados, ni poderosos. Y fuimos elaborando estrategias de personalidad, tanto para no sentir, como para atraer, al costo que fuera, esa seguridad, amor y control que desesperadamente necesitábamos, y que en ese momento sólo podíamos recibir de nuestros padres y entorno cercano. Lo peor es que muchas veces, incluso aunque nos lo dieran, no éramos capaces de percibirlo así…

         Y así fuimos creciendo, TAPANDO LOS SENTIMIENTOS, y aumentando la presión de la caldera de cada uno de esos centros… Y, como tantas paradojas de la vida, si bien es cierto que cuanto más nos percibimos amados, seguros y en control en nuestros primeros años, mejor fue para nuestro desarrollo, el proceso de convertirse en un adulto integralmente sano; es justamente a la inversa: SOLTAR ESAS NECESIDADES. Dejar de esperar que algo o alguien del exterior las satisfaga.

         Los centros fueron “engordando” a base de reprimir sentimientos. Era preferible no sentir a sentirse abandonado, por ejemplo. Por lo tanto, la forma de irlos “vaciando” y sanando es precisamente DEJÁNDONOS SENTIR. Eso es posible gracias a que la práctica del silencio aumenta nuestro nivel de conciencia, y nos permite reconocer y experimentar que DIOS EN NOSOTROS ES LA ÚNICA FUENTE QUE SATISFACE EN VERDAD ESAS NECESIDADES: Dios ES nuestra seguridad, nos da todo el amor y reconocimiento que requerimos, y ES nuestra fuerza. ES quien nos dota de poder interior, además de que está a cargo del Universo, así que podemos atrevernos a soltar nosotros esos hilos de control, e incluso a aceptar que ni siquiera controlamos nada…

         Por lo tanto, reconocemos que TODO, LO QUE SE DICE TODO LO QUE SENTIMOS, que nos causa dolor, rabia, tristeza, en fin, cualquier sentimiento, en realidad no tiene que ver con lo que sucede en el exterior,  (“No estoy alterado por la razón que creo”), sino que se conecta en mi interior con alguno de los 3 centros y lo exacerba… Entonces el camino es DARLE LA BIENVENIDA AL SENTIMIENTO, en vez de negarlo, eludirlo, racionalizarlo o justificarlo… diciéndole incluso mientras lo estamos experimentando: “BIENVENIDO, BIENVENIDO, BIENVENIDO,” y a continuación repitiendo sencillamente “SUELTO MI NECESIDAD DE SEGURIDAD, SUELTO MI NECESIDAD DE AMOR, ACEPTACIÓN Y RECONOCIMIENTO, SUELTO MI NECESIDAD DE PODER Y CONTROL…”

         Esto fundamentalmente es lo que yo hago.

         Con frecuencia, de manera espontánea, nos damos cuenta con cuál o cuáles de esas necesidades se conecta nuestro sentimiento, y por lo tanto, nos vamos conociendo mejor.

         2.- Aspecto Contemplativo.- Aquí es donde entra la ORACIÓNDE SILENCIO: Sólo Dios puede satisfacer esas necesidades, pero como es absolutamente respetuoso de nuestra libertad y autonomía, no interviene a menos que se lo solicitemos. Y eso es lo que hacemos al dedicar 20 minutos en la mañana y 20 en la noche a quedarnos en silencio, EXPUESTOS simplemente a la acción de Dios en nosotros… como nos exponemos al sol o a la radiación, sin ver ni sentir nada, pero conocedores de que actúan en nosotros. La manera de entrar al silencio y permanecer en él es sencilla:

        a) Eliges un lugar tranquilo donde puedas permanecer 20 minutos    sin ser interrumpido. Para evitar interferencias tomas medidas, como avisar que no te pasen llamadas, desconectar el teléfono…

            Esto es indicativo del respeto que tienes hacia ti, y hacia este tiempo que te das a ti mismo como un regalo.

b)  Fija dos períodos al día para llevar a cabo tu meditación y, en lo posible, ajústate a esos horarios y a ese lugar. Así, tu cuerpo incorporará este hábito más fácilmente.

     Para saber cuándo terminan los 20 minutos, no uses una alarma estridente. De preferencia pon un reloj visible y de vez en cuando abre los ojos para consultarlo. Pronto tu cuerpo “aprenderá” y espontáneamente los abrirás pasado ese tiempo.

c) Elige una o dospalabras que te sirvan como “ancla”. Serán el símbolo de tu intención  de abrirte a la presencia y acción de Dios en ti. Cuanto más simples y breves, mejor. Pueden tener contenido religioso, como “Ven Señor”, o no tenerlo, como la palabra “Uno”.

      En este contexto, al ancla se le llama “Palabra Sagrada”.

d) Siéntate en una postura cómoda, con la espalda derecha y sin cruzar pies ni manos, a menos que te sientes en postura de yoga.

e)  Haz varias respiraciones y afloja suavemente los músculos de tu cuerpo.

f)  Cierra los ojos, ponte en contacto con tu respiración y empieza a repetir en tu interior tu “palabra sagrada”. Luego, deja de repetirla y permanece en silencio. Si te vienen pensamientos, déjalos pasar, sin fijarte en ellos, ni pelearte, ni juzgarlos, ni juzgarte. Simplemente déjalos pasar.

      Si te notas “colgado” de un pensamiento, vuelve a repetir varias veces tu Palabra, y luego regresa al silencio…

g) Pasados 20 minutos aproximadamente, da por terminado tu período contactando de nuevo con tu respiración, con el aire que entra y sale por tunariz… Y si lo deseas expresa tu gratitud, tus deseos para el día o algo que te resulte significativo.

         Eso es todo. Acepta lo que suceda, sin juicios ni expectativas. Lo básico y fundamental es tu intención de abrirte a la acción y presencia de Dios en tu vida.  No hay manera de fallar. Tú te expones a Dios y Él hace el resto. Puedes estar seguro de ello. Confía. Confía en Dios y confía en ti.

         Y recuerda, la manera de experimentar los efectos curativos de esta terapia divina es:

-   practicando el silencio.

-   dándole la bienvenida a tus sentimientos.

-   identificando su origen en alguna de las necesidades.

-   soltando cada vez tus tres necesidades.

         Y por eso es una TERAPIA DIVINA. Porque después de haber hecho nosotros nuestra parte de exponernos a Dios en el silencio, de dejarnos sentir y de soltar nuestras necesidades, con toda la valentía que eso implica, Dios hace la suya de ir disolviendo el contenido de esos centros, llenándonos, en el silencio, de todo el amor, la seguridad y poder que necesitamos…

Por: Gerardo Cándano