Qué Elijo Hacer HOY con Mi Vida

“QUÉ ELIJO HACER HOY CON MI VIDA”

 Maruja Cándano

Ustedes son amadísimos de Dios, igual que yo. Ninguno estamos en la vida por azar, ni por accidente. Dios nos eligió amorosamente a cada uno. Nos dotó de una serie de habilidades (dones) y nos encomendó una tarea, una misión… posible por supuesto. Y esa misión es indispensable para el funcionamiento y evolución de la humanidad y del Universo.

 

NADIE está aquí de más ni por equivocación. Dios nos necesita, Dios no se equivoca, sino que confía profunda y totalmente en que cada uno completará su obra.

 

Las tres Leyes del Universo: Diversidad, Subjetividad y Comunión, nos hablan de que todo ser vivo está maravillosa y abundantemente dotado para su tarea. Tú también. Dios tiene un sueño para tí. Cuando te sintonizas con ese sueño, todo fluye, como bien lo dice Paulo Coelho en El Alquimista cuando nos invita a conocer nuestra “Leyenda Personal”…

 

Les voy a dar un tip para descubrir nuestros dones y, por lo tanto, nuestro sueño, nuestra misión. Lo vamos a explorar AHORA. De paso les diré que AHORA es lo único real. Sólo estoy viva AHORA. Sólo puedo elegir AHORA.

 

Así lo que descubrirán en este ejercicio es para AHORA, y ustedes, en otros “ahora”, podrán volverlo a hacer. Probablemente lo que vayan descubriendo a lo largo de su vida, en el fondo sea lo mismo, sólo que con distinto ropaje o apariencia.

 

 

EJERCICIO:

 

En un papel. Escribe por lo menos tres cosas que tengan, cada una, estas tres características:

 

    Algo que me gusta hacer

    Lo hago muy bien y me siento orgulloso de ello

    Mis amigos (mi comunidad) me lo confirman

 

Por ejemplo: me encanta cantar; sé que lo hago muy bien y tengo buena voz; mis amigos y familiares me piden que cante en las reuniones.

 

Pues bien, eso que les encanta y se les da de maravilla, eso para lo que “son buenos”, les da la pauta de cual es su tarea. La atracción nos enseña nuestra misión.. Al observar todos esos dones juntos, descubriremos que nos muestran el camino en las distintas etapas de la vida.

 

Don y tarea van de la mano: el don hay que desarrollarlo realizando la tarea, y con el tiempo se manifiesta de diferentes maneras.

 

Les pondré un ejemplo mío: desde chica tuve facilidad de palabra y también me gustaba escuchar a los demás, desde que aprendí inglés disfrutaba traduciendo y siempre me sentí impulsada a servir: fuera acompañando a mi abuelita, cuidando a mi hermanita o enseñando a otros niños el catecismo.

 

Así empecé por explicarle a mis compañeras lo que no entendían(traducirles) y a escuchar sus problemas. También me encantaba salir en el teatro del colegio. Más adelante, le explicaba el Evangelio a niños y a adultos y cuando me casé, a mis hijos formando una catequesis familiar. Con mucha frecuencia me pedían que yo hablara en las reuniones, o que “tradujera” a mis amigas conceptos de una conferencia que les quedaban confusos.

 

Se podría decir que tengo el don de la palabra, de escuchar, de traducir y de servir. Esos nombres se los puse después, y ahora veo el hilo conductor que me fue llevando a fundar CECURA, dar cursos, a traducir libros y a “traducir ideas”, poniendo todo al servicio de la gente… Claro que de joven no veía así de claro el sentido de mi vida.

 

Pero los “prokariotes” tampoco. Los prokariotes esos seres unicelulares que existieron millones de años antes de que la vida surgiera en la Tierra, estaban dotados para producir oxígeno, y eso fue lo que hicieron. Gracias a que aquellos desarrollaron su don e hicieron su tarea, hoy estamos aquí. Y no importa que en su momento no supieran la trascendencia de su misión… Como nosotros podemos no saber el impacto de la nuestra.

 

Sin embargo, si seguimos nuestros anhelos verdaderos, los anhelos de nuestro ser, si hacemos lo que nos atrae (o sea, fluimos con la ley de la atracción, que es Dios) y no tenemos miedo, Dios se encarga del resto, porque desea, más aún que nosotros mismos, que cumplamos nuestra misión.

 

Saber que estás fluyendo con Dios que es A TI, a quien te ayudará a vivir en paz y gozo.

 

Al reflexionar en este tema, me maravilla constatar que mis hijos y mis nietos tienen más conciencia de la que yo tenía a esa edad, sobre su posibilidad de elegir, y seguro que ustedes también.

 

Seamos conscientes de nuestro PODER, del Poder de elegir.

 

Ahí radica nuestra fuerza y nuestra libertad y NADIE nos lo puede quitar. Es nuestro privilegio.

 

Para empezar podemos elegir los pensamientos, y también podemos elegir ver de otra manera:

 

    Ver desde el Amor y no desde el miedo

    Como Testigo y no como Juez

    Como Discípulo en vez de como Victima

    Elegir Paz o conflicto

    Unión o Separación

    Dar Vida o Quitarla

    Perdonar o Sufrir

 

Cuando Jesús de Nazareth habla de amar al enemigo o poner la otra mejilla, se refiere a ejecutar este poder, esta libertad. A no permitir que el otro decida cómo voy a responder o a sentirme. A reclamar para mí la libertad de elegir.

 

Así, ante las “ofensas”, conservo mi poder de elegir la paz, en vez de entregárselo al ofensor para que él ó ella decidan cómo me voy a sentir yo.

 

¿Se imaginan qué maravilla?

 

No ser esclavo de nadie: ni de las personas, ni de las circunstancias, ni de las ideas.

 

Yo construyo el Reino de los cielos, o más bien, contribuyo a que sea posible el Reinar de Dios cada vez que elijo lo que da vida, lo que me dejaen paz, lo que me une, lo que me permite aprender.

 

Y eso cada momento, cada AHORA: “Este es el único tiempo que existe, y cada instante es para amar”, dice el cuarto principio de curación de actitudes.

 

Lo único que varía es la forma que “amar” adopta según las circunstancias, pues a veces amar es disfrutar y reír juntos, otras es llorar, escuchar, callar o hablar.

 

Lo dice uno de los libros más antiguos de la Biblia: hay un tiempo para cada cosa bajo el sol…

 

Y si estoy en contacto conmigo, con mi sabiduría interior, con Dios en mí, en cada momento sabré de qué es tiempo.

 

Para eso necesitamos darnos espacios de silencio y auto observación a lo largo del día. Por unos momentos cerrar los ojos, respirar, darme cuenta de qué siento… qué pienso… Puedo incluso preguntarme ¿Estoy en paz o en conflicto? ¿Estos pensamientos (o conductas) me unen o me separan? ¿Qué elijo, tener la razón o ser felíz…?

 

Y si bien es cierto que “hay momentos fuertes” para hacer elecciones decisivas en la vida, también es verdad que esas elecciones tenemos que actualizarlas momento a momento para convertirlas en realidad.

 

Al aprender a conectarme con el presente a través de la respiración y de los alimentos conscientemente saboreados, por ejemplo, con más facilidad podemos conectar con nuestros anhelos, sueños, atracciones, gozo…

 

Y más fácilmente también practicaré observarme sin juicio y con honestidad para conscientemente “decirme a mí la verdad de mí”.

AHORA detente un momento. Respira profundamente. Piensa ¿QUÉ ELIJO HOY PARA MI VIDA?

 

    Paz o conflicto

    Amor o miedo

    Unión o separación

    Vida o muerte en vida

    Aprender o sentirme víctima

    Perdonar o sufrir

    Ser libre o esclavo

 

Es mi elección. Y es una elección que cuanto más la actualice y aplique a cada momento, más se convertirá en parte de mi vida.

 

Esto es un entrenamiento, o quizá un re-entrenamiento. La buena noticia es que es posible y no sólo eso, sino que nuestra intención de elegir amor, la paz y la vida, es lo que Dios desea de nosotros y contamos siempre con Él. Dios no está afuera separado de nosotros. Jesús nos enseña que somos manifestaciones de Él.

 

Dios es lo más verdadero de mí. Cuánto más sea yo mismo, mi verdadero yo, más se manifestará Dios en mí, seré más felíz, cumpliré mi misión y completaré la obra de Dios y la redención (redimir=rescatar -¿de qué?- del miedo, ceguera, sordera, esclavitud, desesperanza, tristeza, muerte).

 

“El que cumple todo esto que les digo vive para siempre”