La Bendición de un Padre

Por la Reverenda Jean Crist Thompson.  *

Traducción de la revista The Counselor

(Sept-oct ’94).

 

Esa parte de la historia del “Hijo Pródigo” que describe cómo el padre corre a recibir al hijo y lo abraza y le da la bienvenida, despierta en mí un tumulto de pensamientos y de emociones, pues describe una reunión amorosa y la dádiva de una bendición del padre al hijo. La bendición involucra ser espejo y afirmar al otro al verlo, al notarlo, al valorarlo en su propia naturaleza; y el efecto de la bendición es sanar y reflejar la totalidad: eso es lo que sucede cuando somos vistos y valorados. En esta historia la bendición se da a pesar de que el hijo no la merece, que no se la ha ganado, y eso es lo que hace la bendición mucho más profundamente significativa y transformadora. El hijo es amado, valorado y bendecido como es, con toda su imperfección y fragmentación. Se perdona todo, todo es sanado, restaurado y armonioso de nuevo entre padre e hijo. Creo que todos anhelamos esa bendición, esa aceptación, esa reconciliación.

La dificultad que yo he sentido la mayor parte de mi vida para ganar la bendición de mi propio padre, me hace anhelarla todavía más. Yo amaba mucho a mi padre y toda mi vida una de mis metas primarias y de mis deseos más intensos era ganarme la aprobación de mi padre: recibir su bendición. Yo necesitaba esa bendición, pero mi padre era un hombre muy distante, muy impaciente, muy lastimado; él se mantenía distante de nosotros y nosotros de él. Muy eventualmente, si lo hubo, tuve de él palabras o gestos de cariño o aprobación, y sin la bendición de nuestro padre es difícil sentirse en el mundo como en nuestro hogar.

 

Mi experiencia con mi padre fue el filtro o el lente, a través del cual yo ví y comprendí a Dios (aunque no caí en la cuenta de ello hasta que fui adulta). Y es que las relaciones personales con nuestro padre pueden colorear cómo experimentamos e imaginamos a Dios. En gran medida, ahora lo entiendo, fue por la experiencia con mi padre, que mi diseño de Dios estaba centrado en los atributos del juicio y de la ira, EL tenía unos estándares muy altos y exactos y esperaba obediencia instantánea, El esperaba que trabajara muy duro, que fuera muy buena y que no causara ninguna molestia. Yo quería que mi padre me ofreciera su bendición y que lo hiciera libremente y porque él mismo quisiera, pero como el “Hijo Pródigo”, tenía que ir y buscarla y reclamarla para mi misma.

Recuerdo una vez en que fui a visitar a mis padres y acabábamos de regresar de la Iglesia y estábamos de pie en la banqueta. Yo ví a mi padre de pié ahí y mi corazón estaba lleno de amor hacia él. Entonces rompí el tabú familiar contra tocar y caminé hacia él y lo abracé y le dí un beso y un apapacho de verdad, no ese toque ligero y sanitario en la mejilla que era todo lo que él toleraba, y le dije que lo amaba. Mi padre no me dijo nada, pero más tarde mi madre me contó que había llegado a la cocina y le había dicho: “¿Sabes lo que Jean hizo?”. Ese fue un momento decisivo en nuestra relación y marcó para mí el inicio de la aceptación de mi padre como era: lo bueno y lo malo mezclado. Y parece que también liberó a mi padre, permitiéndole verme y reconocerme de una manera nueva, y en esa experiencia de ser reconocida por mi padre, sentí que por fin había recibido su bendición.

Y no fue hasta que trabajé en este sermón, cuando caí en cuenta que esta experiencia con mi padre había sido un momento de “Hijo Pródigo” pero a la inversa, yo, la hija, abrazaba, perdonaba y daba la bienvenida al hogar a mi padre, y ambos recibimos y disfrutamos la bendición de ese momento, y creo que a menudo debe de ser de esa manera: Nosotros los hijos, a menudo tenemos que hacer el trabajo de iniciar y dar el primer paso, porque demasiado a menudo nuestros padres no saben cómo hacerlo. Yo siempre supe en mi cabeza que mi padre me amaba, y que él hubiera deseado darme su bendición, pero no sabía cómo hacerlo. Probablemente porque él mismo no la había recibido de sus padres, tuve que reclamar yo la bendición de mi padre, y entonces ambos pudimos disfrutar esta vuelta al hogar y este enorme regocijo.