La Fuerza del Perdón. 10 Pasos Para la Salud Emocional y Espiritual

POR GERALD G. JAMPOLSKY, M. D. Y DIANE CIRINCIONE. PH. D.

Tanto en los negocios como en la vida personal, lo que nos causa más tensión y disminuye nuestra eficiencia son los problemas que tenemos en nuestra relación con los demás.

La culpa que encontramos en nosotros y en los demás, que nos hace condenarlos a ellos y a nosotros, no solo nos causa tensión, sino que también se convierte en dañina para nuestra salud. Los resentimientos que mantenemos hacia quienes consideramos que nos han lastimado sea en relaciones del pasado o de la actualidad, pueden jugar un papel muy significativo en muchas de las enfermedades par a las cuales buscamos atención médica.

Si viéramos un anuncio comercial que nos hablara sobre una nueva medicina que nos garantizara el podernos liberar del coraje, de los resentimientos, de la culpa y de la vergüenza, así como de los Dolores de cabeza, de la espalda, del insomnio y de otros achaques que frecuentemente son causados por nuestras emociones de enojo y por pensamientos de no perdón; y si nos dijeran que esa medicina no tiene efectos secundarios, que es imposible sobre dosificarse y además que es gratis, ¿acaso no nos apresuraríamos a conseguirla?

La simple decisión de perdonar puede hacer todo eso y mucho más. A través del perdón consciente podemos encontrarnos sintiéndonos en paz, felices, completamente vivos y con un gusto por la vida, que va más allá de nuestra imaginación. El hecho es que, aferrarnos a nuestros resentimientos y a nuestros pensamientos de no perdón, es como poner toxinas en nuestra mente. Nunca propositivamente tomaríamos veneno; sin embargo, no dudamos en rumiar enojo y pensamientos tóxicos en nuestra mente. Nuestras emociones afectan nuestro sistema inmunológico y cada uno de los órganos de nuestro cuerpo. Aferrarnos a “Sentimientos de Ataque y de Venganza” es como tomar nosotros el veneno y esperar que sea otro el que muera.

La decisión de no perdonar es prácticamente una decisión para seguir sufriendo. ¿Por qué entonces muchos de nosotros pensamos que es tan difícil perdonar? Quizá sea porque no entendemos la función y los beneficios de tal práctica. Es esencial darnos cuenta de que perdonar a alguien no es condonar o aprobar un acto reprobable, ni querer decir que el individuo no es responsable por lo que ha hecho. Perdonar simplemente quiere decir que hemos tomado la decisión de sanar nuestras propias mentes soltando el pasado doloroso, un pasado que nuestro enojo y nuestros juicios no pueden cambiar.

Zalinda Carusa Ziegler, es un ejemplo de cómo los pensamientos tóxicos afectan nuestro cuerpo. Hace catorce años, su hijo de 19 años fue asesinado por una persona que conoció casualmente en un bar, y que fue condenado y sentenciado en prisión. Cada vez que esta persona estaba lista para salir bajo libertad condicional, Zalinda, con su familia y amigos, testificaban para que este hombre nunca saliera de prisión. Ella pensaba que él había cometido un acto imperdonable y debería permanecer en prisión el resto de su vida.

A través de los años, Zalinda desarrolló un sinnúmero de problemas de salud. Su pelo empezó a caer, su vesícula biliar falló, tenía problemas gastrointestinales y frecuentemente se sentía deprimida y agitada. Zalinda se dio cuenta que la venganza se había convertido en su sentido primario de vida y que avivar constantemente el fuego de sus sentimientos de enojo, era lo que dominaba su pensamiento.

Fue más o menos por esa época que leyó uno de nuestros libros, “Amar es la Respuesta”, y decidió que más que el coraje y la venganza, ella quería paz en su pensamiento. Empezó a visitar al asesino de su hijo en la prisión, e inicialmente compartió sólo su coraje y su falta de perdón hacia él. Después de varios meses, sin embargo, ella empezó a notar algunas características positivas de esta persona.

Conforme pasó el tiempo, fue capaz de perdonarlo e inclusive ella se convirtió en un instrumento importante en su libertad condicional. El día que fue liberado, Zalinda estaba allí para llevarlo a casa. Simultáneamente todos sus problemas de salud desaparecieron.

Zalinda continúa trabajando con prisioneros y compartiendo su fuerte experiencia de perdón y sanación.

Hace algunos años conocimos a un médico que nos dijo cómo él y su hermano habían tenido tantos desacuerdos que ya no se hablaban desde hacía siete años. Este médico finalmente reconoció su enojo y se dio cuenta de que sus pensamientos de no perdón hacia su hermano eran simplemente un bumerang que regresaba hacia él. Decidió que ya no iba a apegarse a ese pasado doloroso, llamó a su hermano… y de hecho hubo un gran silencio antes de que éste aceptara. Compartieron un desayuno de dos horas y toda la hostilidad del pasado se disolvió y quedaron como amigos. Cuando después su hermano murió accidentalmente en un automóvil, él pudo agradecer la paz y el amor que ahora podía sentir por él.

El perdón es el puente para el amor, la paz, la felicidad y el bienestar. Nos permite decir adiós a la culpa y a la venganza. Purifica el corazón y el espíritu y nos pone en contacto con todo aquello que es sagrado. A través del perdón, nos conectamos con aquello que es más grande que nuestro ser y nos convertimos en las personas que Dios intenta que seamos.

La llave para el perdón es la VOLUNTAD para hacer el esfuerzo. Cuánto tiempo nos tome dependerá de nuestro sistema de creencias. Si piensas que no puedes hacerlo, entonces no sucederá. Si crees que llevará años, esa será tu experiencia. Pero si estás deseoso de creer que puede ser en un instante, así será para ti.

 

LOS PASOS PARA EL PERDÓN

  1. Ábrete a la posibilidad de cambiar tus creencias acerca del perdón.

    Reconoce que el perdón es un acto de fuerza, no de debilidad.

  2. Estate dispuesto a dejar el papel de víctima.

    Date cuenta de que aferrarte a tus resentimientos y pensamientos de no perdón es elegir el sufrimiento. No encuentres valor en auto compadecerte.

  3. Recuerda que tu enojo y tus juicios no pueden cambiar tu pasado ni castigar a alguien, pero si te pueden lastimar a ti.

    Los eventos del pasado ya no te pueden lastimar en el presente, pero tus pensamientos acerca del pasado te causan un inmenso dolor y tensión. Reconoce que cualquier dolor emocional que sientas en este momento es producto sólo de tus pensamientos.

  4. Descubre el valor de renunciar a todos tus juicios.

    No es coincidencia que las personas más felices son aquellas que eligen no juzgar y conocen el valor del perdón.

  5. Reconoce que aferrarte a tu enojo nunca te dará lo que verdaderamente quieres.

    Hazte esta pregunta ¿Aferrarme a mi “enojo justificado”, realmente me trae paz?

    Enojo y Paz, Juicios y Felicidad, no pueden ocurrir al mismo tiempo.

  6. Date cuenta de que no hay valor en castigarte a ti mism@.

    Una vez que verdaderamente reconoces que tu enojo y tus pensamientos dolorosos acerca del pasado están envenenando tu vida, abrazarás el perdón y conocerás el significado del amor y del verdadero gozo.

  7. ¡Cree que perdonar significa soltar toda esperanza de un pasado mejor!

    Acepta tu pasado y perdónalo y abraza el presente y el futuro con esperanza.

    No hay ley que te obligue a permanecer como víctima del pasado.

  8. Elige ser feliz, más que tener razón.

    Cuando dejamos de tratar de controlar a otros y nos enfocamos más bien a nuestros propios pensamientos, nos damos a nosotros mismos el regalo de libertad y de la paz.

  9. Cree que tú tienes el poder de elegir los pensamientos que pones en tu mente.

    Probablemente el regalo más grande que hemos recibido es el poder de elegir. Elige pensamientos de amor y no de miedo, juicio y enojo. Tu mente no es un basurero, y resulta afectada por la basura que pones en ella. Trátala como un jardín: siembra pensamientos de amor y florecerán.

  10. Ten la voluntad de hacer de la paz tu única meta y cree que el perdón es la llave de la felicidad.

    A pesar del caos que haya a tu alrededor, puedes conocer la paz, si esa es tu meta.

    Elige no permitir que las circunstancias externas ni otras personas decidan si vas o no a ser feliz. El enojo, los juicios y los pensamientos de no perdón, nos hacen sufrir, y liberarlos nos trae gozo. ¡Verdaderamente es así de simple!

     

Gerald G. Jampolsky, M. D. & Diane Cirincione. PH. D.